«Megamind», el Joker quiere ser Batman

DreamWorks Animation es un estudio que tiene la mala suerte de contar con una competencia que parece imposible de igualar: Pixar. Los dos son estudios estadounidenses y ambos dedican sus producciones a la animación por ordenador, pero hay un abismo que les separa. DreamWorks lleva unos cuantos años intentando vivir del justificado éxito que tuvo "Shrek", la que hasta el día de hoy es su obra más arriesgada. El resto ni siquiera se le pueden comparar, y menos aún con películas de la competencia como "Toy Story" o "Wall·E".

Este año, la productora ha realizado tres largometrajes: "How to Train Your Dragon", "Shrek Forever After" y por último "Megamind". Y tengo que decir que ésta es, con diferencia, la mejor de todas ellas. ¿Será esto el despertar de DreamWorks? Yo no soy nada optimista puesto que entre los proyectos que tienen en cartera podemos encontrar "Kung Fu Panda 2" o "Madagascar 3", un panorama no demasiado esperanzador.

¿Qué tiene de bueno "Megamind"? Principalmente la elaboración que tiene toda la historia. Es una pena que en el tráiler ya salieran algunos elementos que, de no haberlos conocido cuando se ve la película, podrían haber resultado bastante sorprendentes. Esta vez los spoilers son definitivos y no dejan mucho lugar a la sopresa para el espectador que haya visto el avance. Pese a esto, cabe decir que las continuas barreras, los reveses emocionales que sufren los personajes y también alguna que otra anagnórisis consiguen un ritmo narrativo realmente dinámico, que atrapa desde el primer momento y en muy escasas oscasiones decae, aunque hay que reconocer que sí se dan.

Es inevitable comparar "Megamind" con "Despicable Me", la producción animada que ha estrenado este año la Universal y que comparte con la de DreamWorks la misma idea: un villano que se vuelve bueno. Sin embargo, en esta comparación vuelve a salir como ganadora "Megamind", esta vez por goleada, puesto que utiliza la idea de la otra película pero con muchísimos más elementos que la hacen más elaborada, especialmente utilizando más personajes que, sin duda, aportan mayor riqueza al resultado final.

Si por algo puede destacar "Megamind" es por el perfecto uso que da a todos sus personajes. El guión, firmado por Alan J. Schoolcraft y Brent Simons, hace un perfecto uso de los secundarios, que al fin y al cabo son los que acaban sacando adelante una buena película y que consiguen guiar a los protagonistas por tramas que sean más ricas y que no resulten monótonas. Es verdad que la idea puede no resultar demasiado interesante en un principio, puesto que básicamente se trata de un villano que descubre que también puede ser bueno, pero lo mejor es cómo está narrado y cómo se ha llevado a la pantalla. En esto también es especial responsable su director, Tom McGrath, del que nadie se iba a imaginar que podría realizar una buena película después de dirigir las dos partes de "Madagascar".

Sin embargo, siempre hay algún pero —poquísimas películas no lo tienen— y esta vez es el discurso demasiado moralista que pobla la película. En su intención de no dejar nada en el aire y pretender explicar cada una de las decisiones de los personajes, llegan a justificar lo injustificable: por qué el protagonista/antagonista se vuelve un villano. No sólo es un punto negativo por su deseo de aclarar cada uno de estos puntos, sino porque es un hecho en sí mismo que habría conseguido mayor efectividad si sólo se hubiera insinuado, dejando al espectador su capacidad de decidir.

Pese a esto, hay que reconocer que la calidad de la animación es de lo mejor que podemos encontrar actualmente en el cine, con unos planos y unos movimientos que sólo las películas animadas —o sobresaturadas de efectos especiales— pueden conseguir. Por último, y aunque me cueste mucho reconocerlo, es recomendable verla en 3D, porque en muchos momentos realmente merece la pena.

Fotos: PeliculasOnlineCinema & BoxOffice