“Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1”, una película a velocidad de libro

La semana pasada llegó a las pantallas las esperada primera parte de “Harry Potter and the Deathly Hallows” el último y apoteósico episodio de la saga creada por J.K. Rowling que como todos sabéis ya, se nos presenta en dos partes.

Vamos a empezar la crítica por aquí, por esta peculiaridad. Y es que, no nos engañemos, por mucho que guionista, director y la propia autora nos insistan en que esta decisión se ha tomado por cuestiones artísticas, todos sabemos que dos películas representan el doble de entradas vendidas, el doble de Blu-rays en las tiendas y la posibilidad de prolongar algunos meses mas el “fenómeno”. Esto es un negocio y lo sabemos, sin embargo en este caso (¡Y ojo porque esto no suele ocurrir a menudo!) esta decisión comercial ha sido positiva para la película.

Desde Harry Potter y el cáliz de fuego, las novelas empezaron paulatinamente a aumentar de tamaño y precisamente fue ese el punto de inflexión en el que las películas empezaron a dejarse cosas en el tintero. Si bien en las tres primeras cintas la adaptación era mas literal, a partir del cuarto filme aquellos que nos habíamos leído previamente las novelas empezamos a echar en falta ese o aquel detalle, además de tener la irremediable sensación de que todo iba “a toda pastilla”. Casi no te daba tiempo a saborear lo que estaba pasando porque la velocidad e inercia del filme era vertiginosa, quizás con la única excepción de “Harry Potter and the Order of the Phoenix” que, curiosamente, es también la única en la que se cambió de guionista, pero eso es otro tema. Con Deathly Hallows nos encontramos ante un libro 759 páginas que no quiero ni pensar a la velocidad que hubiera tenido que ir para quedar enmarcado dentro de una sola película. Es por este motivo que creo mas que acertada la división de la historia en dos partes, de hecho, si me lo permitís, me parece que debería haberse empezado a aplicar este formato mucho antes. Por primera vez la cinta avanza “a la velocidad del libro” deteniéndose en los detalles y dando tiempo al espectador de asumir y disfrutar lo está viendo. Sin dejar de apuntar también a que, con la tranquilidad de saber que se cuentan con dos entregas, algunas escenas están alargadas una pizca más de la cuenta.

Es probable que la historia de Harry Potter fuera más apropiada para una serie (a razón de una temporada por libro) que para una saga de películas, pero el cine es el cine y lo hecho, hecho está. En cada película han ido optando por ahorrarse detalles, recortar pequeñas cosas que no eran imprescindibles y aunque en esta ultima parte lo han enmendado, es posible (y comprendo perfectamente) que al espectador que no ha leído los libros le asalte el desconcierto, al encontrarse ahora un cierre mas complejo del que viene contemplando durante seis películas. No obstante, creo que mas vale tarde que nunca. La peor parte del asunto es lo que Álex Faúndez ha calificado impecablemente de “Potter Interruptus”, y es que nos dejan colgados y a la espera en el mejor momento.

Entrando ya en el filme en sí, aunque habían sonado nombres como el de Alfonso Cuarón, M. Night Shyamalan o incluso Guillermo del Toro para situarse tras las cámaras, finalmente se optó por dar continuidad a la línea de los últimos filmes y encargarle el trabajo a David Yates quien con estás dos será el director que más películas de Potter ha firmado, con cuatro (Harry Potter and the Order of the Phoenix y Harry Potter and the Half-Blood Prince). En el apartado musical nos encontramos con un excelente Alexandre Desplat, aunque se rumorea que en la segunda parte podría volver (el maestro) John Williams como gran despedida después de que se hiciera cargo de este apartado en las tres primeras películas. Destaco también la fotografía, dirigida por el portugués Eduardo Serra dos veces nominado al Oscar. Continuamos con ese aire “oscuro” y tenebroso del que se va impregnando toda la saga casi sin que nos demos cuenta y que en este episodio final alcanza su culminación. Alguna escenita pensada para ser incluida en 3D que finalmente se ha quedado en nada por falta de tiempo (¿alguien ha dicho “Clash of the Titans”?).

Dejando de lado el tema de las dos partes, la principal novedad de la película es que la acción ya no acontece dentro de la escuela Hogwarts, el formato habitual de clases, profesores y campeonato de Quiddicth se ha esfumado, ha quedado atrás. El universo de Harry Potter esta patas arriba con la llegada al poder de los mortífagos y todo ha cambiado, lo cual resulta evidente al aspectador. Daniel Radcliffe (Potter) aseguraba en una entrevista que Deathly Hallows le parece casi una “road movie” y el propio Yates ha reconocido haberse inspirado en “The Fugitive” de Andrew Davis (1993) para este entrega. Merece también una mención especial la pieza animada con la que se explica la leyenda de las reliquias de la muerte dirigida por Ben Hibon y que es una maravilla visual perfectamente integrada.

En el apartado de las interpretaciones, no puedo hacer otra cosa que aplaudir a un equipo, especialmente los protagonistas, que iniciándose a la edad de once años ha sabido hacer frente a la responsabilidad y el reto que supone embarcarse en un proyecto que ha durado una década y que ha abarcado ocho películas. Puede cuestionarse la calidad interpretativa de Radcliffe, Grint y Watson, pero lo que es indiscutible es su profesionalidad y compromiso con su trabajo, mas loable aún teniendo en cuenta sus edades. Respecto a su papel en la película, mientras Radcliffe parece haberse quedado un poco mas estancado, vemos a un Ruper Grint (Ron) que abandona por un momento su rol de contrapunto cómico dentro del grupo para ofrecernos un registro mas oscuro de su personaje que creo que lo profundiza. Por otra parte Emma Watson (Hermione) transmite como nunca hasta ahora el dramatismo de la situación, brillando por encima de los tres y conectando con el espectador, especialmente en la escena en la que se “despide” de sus padres. Es una pena para el mundo del cine que esta chica tenga la cabeza tan bien amueblada y haya decidido abandonar la interpretación para centrarse en sus estudios, nos vamos a perder a una actriz que hubiera dado mucho de sí.

Además del los que repiten, esta saga cuenta con nuevas incorporaciones, en su mayoría británicas como viene siendo habitual en la saga, entre las que se encuentran David O’Hara (Albert Runcorn), Bill Nighy (Rufus Scrimgeor), Hazel Douglas (Batidla Bagshot), Rade Serbedzija (Gregorovitch) y Rhys Ifans (Xenophilius Lovegood). Como siempre, una espectacular Helena Bonham Carter que parece haber nacido para interpretar a Bellatrix Lestrange.

En conclusión, creo que se trata de una película recomendable que encantará a los fans y que es el final que la saga se merece, explicado con calma y devoción. Para quienes no han leído los libros pero si han visto han visto las películas, como decía puede resultar desconcertante, pero mi recomendación es que merece absolutamente la pena verla. Eso si, id preparados para quedaros con ganas de más.

cuatro estrellas

Fotos: Collider, Digitaltrends y Cinema Enthusiast