Futuro imperfecto (III): “The Final Cut” y “Strange Days”

Hoy os presento la tercera entrega de esta serie de post titulada “Futuro Imperfecto” en la que analizaremos y hablaremos sobre esas películas de ciencia ficción ambientadas en un futuro cercano en las que un determinado avance en la ciencia o la tecnología plantea a sus protagonistas diversos dilemas éticos, morales o personales. La distopía es un genero bastante prolífico, especialmente por inspirarse en los trabajos de grandes escritores como Isaac Asimov, Philip K. Dick o Robert A. Heinlein entre otros, y me parece interesante compartirlo con todos vosotros. Espero que lo disfrutéis.

La primera película de la que hablaremos hoy se llama “The Final Cut” (La memoria de los muertos en España). Se estrenó en 2004 pasando absolutamente desapercibida por nuestra cartelera a pesar de contar en su reparto con actores como Robin Williams o Jim Caviezel. La cinta fue dirigida por Omar Naïm, quien también escribió el guión por el que obtuvo el premio del Festival de Deauville en 2004.

El argumento del filme nos sitúa en un futuro cercano, estéticamente muy similar al nuestro. La revolución tecnológica de la época esta representada por los implantes ZOE, un dispositivo orgánico que puede colocarse en nuestro cerebro y que a partir de ese momento graba, como si se tratase de una videocámara, todo lo que ven nuestros ojos y escuchan nuestros oídos, almacenándolo en su memoria. Lo habitual es colocar este tipo de implantes en los fetos antes de su nacimiento, de forma que pueda quedar registrada toda su vida. El ZOE es totalmente indetectable y crece a la misma velocidad que su portador, por lo que la empresa EYE-TECH, responsable de los implantes, recomienda a los padres la edad de 21 años como el punto de madurez necesario para comunicar a sus hijos que poseen este artículo.

La tendencia a raíz de esta tecnología, pues 1 de cada 20 personas lleva uno de estos implantes, es que cuando alguien muere, sus familiares y amigos se reúnen en su “rememorial” para visionar la película de su vida. Esto hace imprescindible la existencia de unos profesionales que se encarguen de seleccionar y montar todo el metraje almacenado en el implante ZOE para elaborar una pieza de aproximadamente dos horas de duración. Estas personas se llaman “montadores” y se ayudan de un sofisticado aparato conocido como “la guillotina” que les ayuda a clasificar los cientos de miles de horas de grabación para poder realizar el montaje. Los montadores se rigen por un sencillo pero estricto código:

1) Un montador no puede vender ni regalar metraje ZOE.
2) Un montador no puede tener instalado un implante ZOE.
3) Un montador no puede mezclar metraje procedente de distintas vidas.

En este contexto, existe un grupo de activistas contrarios a la instalación de los implantes ZOE que al lema de “Recuerda por ti mísmo” tratan de boicotear cualquier rememorial y hundir a la empresa EYE-TECH. Estas personas cubren sus rostros con tatuajes electrosintéticos que crean un campo magnético capaz de anular sus propios implantes ZOE.

El montador Alan Hakman (Williams), especializado en aquellos sujetos de vidas mas oscuras y escabrosas, se verá envuelto en esta guerra cuando se le encarga el rememorial de Charles Bannister, el abogado de EYE-TECH. Fletcher (Caviezel), un antiguo amigo y ex-montador, sospechoso de estar liderando a los activistas anti-implante, está dispuesto a conseguir el metraje de Bannister cueste lo que cueste. Hakman no querrá desprenderse de ese implante ZOE pues, a parte de que el código del montador se lo impide, acaba de descubrir en esas imágenes algo que le ha quitado el sueño todos estos años, un recuerdo de su infancia que está a punto de hacer cambiar su perspectiva para siempre.

En la película, los propios antagonistas ponen sobre lo mesa varios dilemas que son muestra de sus diferentes formas de ver la situación. Para Fletcher, lo que se muestra es los rememoriales es una falsedad, no es la verdadera vida del difunto sino una selección de sus recuerdos mas agradables manipulada y editada para el gran público. Además, hace hincapié en el hecho de que los implantes ZOE han cambiado radicalmente la forma de relacionarse de las personas, ahora que saben que están siendo grabadas, por no hablar del derecho del resto de personas sin implante a no ser grabadas sin saberlo y desde luego sin su consentimiento. Hakman por su parte, es una persona tan atormentada por la culpa que cree que al “eliminar” los pecados de las vidas de los demás a través del montaje, está expiando los suyos propios.

En ocasiones, hay familiares que al visualizar los rememoriales se encuentran sorprendidos, pues recordaban detalles o colores de forma diferente a como las grabó el difunto. Naïm nos da a entender que los recuerdos humanos son imperfectos, están filtrados por diversos factores que nos hacen recordarlos de una forma u otra según la situación y eso es lo que los hace humanos, auténticos.

No quisiera dejar sin comentar otra película de temática similar, aunque enfocada desde una óptica distinta llamada “Strange Days”, dirigida por la recientemente oscarizada Kathryn Bigelow, estrenada en 1995 y escrita por James Cameron. Este film nos sitúa dos días antes de la nochevieja de 1999 en una ciudad de Los Ángeles al borde del caos, debido a los conflictos entre la gente de color y la dura represión policial.

En este caso existe un tecnología que a través de unos sensores que te colocas en la cabeza (“La malla”) permite grabar una experiencia de unos 30 minutos que puede ser reproducida después. Al contrario que los implantes ZOE de “The Final Cut”, la malla no solo graba lo que la persona ve y escucha, sino que quedan registrados los impulsos de todos nuestros sentidos. Olores, tacto, sensaciones, reproducir una de esas grabaciones es como “vivir” directamente la experiencia. Con esas posibilidades abundan “clips” de temática sexual, violenta o de descarga de adrenalina por las que se pagan sumas desorbitadas en el mercado negro, ya que se trata de una tecnología ilegal.

Lenny Nero (Ralph Fiennes) es uno de los principales traficantes de este tipo de material y su vida dará un vuelco cuando se vea envuelto en una conspiración para silenciar el asesinato del rapero Jariko One, adalid de la causa afroamericana en Los Ángeles. El “clip” que estaba grabando una prostituta durante la muerte del cantante es la única pista para esclarecer una red de traiciones y engaños que le toca mas cerca de lo que él cree.

Actualmente, nuestra sociedad se encuentra en un momento en el que parece haberse exaltado el narcisismo. Todo el mundo quiere ser famoso, quiere hacer algo importante en la vida y que se le conozca. Sin ir mas lejos, y con matices, las redes sociales se han extendido con velocidad por todo el planeta y está creciendo toda una generación que cree imprescindible dejar por escrito cada cosa que hace o piensa cada hora del día. Este fenómeno ha rebajado ligeramente la preocupación de las personas por la propia intimidad, por su derecho a la imagen y el anonimato. No en vano, últimamente empiezan a saltar algunas alarmas sobre este asunto relacionadas con las redes sociales. Incluso el otro día podíamos leer un artículo advirtiéndonos de los posibles usos “espía” que podrían dársele al periférico Kinect de XBOX360.

La pregunta que os planteo en esta ocasión es la siguiente ¿Puede nuestro afán desmesurado por la popularidad, el narcisismo y el deseo de “dejar huella” comprometer nuestra intimidad y la del resto de personas con las que convivimos hasta un nivel que pueda ser peligroso? ¿Deberían los recuerdos y las experiencias vividas ser cosa únicamente para uno mismo o es necesario compartirlas? ¿Os gustaría descubrir que lleváis un implante ZOE instalado? ¿Compraríais alguno de los “clips” que vende Lenny Nero para sentir lo que és ser otra persona durante 30 minutos?

Ambas películas son muy recomendables para los amantes del genero y “The Last Cut” es en realidad un homenaje al cine como arte, elevando las expresión cinematográfica hasta ser el elemento clave del recuerdo de la vida de una persona.

Fotos: Scribe & Green on the Big Screen & De Todo un Poco