Confieso: no soporto a Roberto Benigni, porque la vida no siempre es bella

Confieso me encanta el slapstick, ese tipo de humor físico basado en la broma visual, violento a veces, pero que grandes cómicos como Max Linder, Charles Chaplin, Mabel Normand, Harold Lloyd, Buster Keaton, Roscoe 'Fatty' Arbuckle o Harry Langdon convirtieron en un género cómico excepcional, cuyo testigo ha sido recogido por cómicos no menos interesantes como Jacques Tati, Peter Sellers, Jerry Lewis, Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Mel Brooks o más recientemente Jim Carrey, Ben Stiller o incluso Cameron Diaz. Grupo en el que podría haber incluido a Roberto Benigni, pero me resisto pues mientras los anteriores han sabido aprovechar las características del clown y las influencias de la commedia dell'arte, Roberto Benigni nunca ha sido otra cosa que una caricatura de sí mismo.

He de decir que, aún así, puedo separar las dos facetas de su carrera artística, la de actor y la de director, mirando con distintos ojos aquellos trabajos que como actor no ha dirigido él mismo. Tampoco es que haya visto muchos pero, por ejemplo, sus colaboraciones con el cineasta estadounidense Jim Jarmusch en filmes como "Down by Law", el cortometraje "Coffe and Cigarettes", incluido después en la película de mismo título, y, sobre todo, "Night on Earth", certifican que cuando Roberto Benigni es dirigido por otros, es capaz de estar comedido y hasta divertido. Casi lo mismo podría decirse de su colaboración con Federico Fellini en la que fuera su última película, "La voce della luna", un título en el que quizás el cineasta italiano diera más rienda suelta a la incontrolable adrenalina del cómico italinao, pero que aún así, se mantendría dentro de unos parámetros aceptables.

Para mi el problema llega con la oscarizada, que confieso: no soporto, "La vita è bella". Una película en la que guionista, director y actor se funden en la misma persona: Roberto Benigni, que se deconstruye en un guionista interesante, un director mediocre y un actor descontrolado. La historia de "La vita é bella" es, sin duda, tierna, bonita, una ingenua fábula sobre los beneficios de la ilusión, pero, desde mi punto de vista, un filme sobrevalorado y exageradamente ensalzado, además de un tanto insoportable. A la vista está que Roberto Benigni no ha sabido o podido, mantener ese mismo registro en sus posteriores películas "Pinocchio" y "La tigre e la neve", cortados las dos por el mismo patrón que la anterior, lo que me lleva a pensar que el público se dejó arrastrar por la misma ilusión a la que es sometido Giosué (Giorgio Cantarini) en su periplo por la Segunda Guerra Mudial.

Recuerdo que en la época del estreno de la película había gente que se asombraba de que se pudiera tratar un tema como la guerra desde un punto de vista cómico, obviamente no habrían visto ninguna película escrita por el magnífico Rafael Azcona, o en concreto "La vaquilla", una de las mejores películas de Luis Bargía Berlanga que relataba en su característico tono irónico y cómico las penurias del bando republicano en la guerra civil española. Ciertamente la capacidad de reirse de uno mismo es una caractrerística muy española, nosotros le llamamos esperpento desde que Don Ramón María del Valle-Inclán le pusiera nombre en Luces de bohemia.

Lo esperpéntico e imperdonable es que en la edición de los premios de la academia de 1999 se dejaran arrastrar por la falsa misericordia de "La vita é bella", robándole el Oscar a la que debiera haber sido ---siempre desde el punto de vista de un servidor--- la ganadora de aquel año: "Central do Brasil", la magnífica película de Walter Salles y que el tiempo ha demostrado que sí estabamos ante un estupendo y personal cineasta como demuestran sus trabajos posteriores: "Abril despedaçado" o "Diarios de motocicleta". Confieso no haber visto algunas de las otras candidatas como la iraní "Bacheha-Ye aseman (Children of Heaven: Niños del paraíso)", tampoco he visto la española "El abuelo" ---yo ya no veo "cine" de José Luis Garci---, pero no creo que la preciosa película de Carlos Saura, "Tango", otra película tan española como argentina, tuviera ninguna oportunidad frente a la brasileña.

De cualquier manera está claro que estamos hablando del año de las equivocaciones académicas o los robos de premios descarados, porque a quién se le ocurre pensar que "Shakespeare in Love" tenga, no uno, sino siete Oscar si tan sólo es una entretenida película para pasar una tarde de domingo, o cómo se puede permitir que Gwyneth Paltrow le arrebatara el Oscar a Cate Blanchett, Meryl Streep, Emily Watson o la impresionante interpretación de Fernanda Montenegro, precisamente en "Central do Brasil", por no mencionar el atrraco a mano armada de darle el Oscar al mejor actor a Roberto Benigni frente a Ian McKellen o Edward Norton en un año en el que ambos estaban excepcionales en sus respectivas películas. Nada que decir con respecto al Oscar a Nicola Piovani por su partitura, si no se lo hubiera merecido por esta, él si se lo merecía por otras, así que compensado queda. ¿No hay ninguna leyenda urbana en torno a los premios de la academia de este año? Pues debería...

Fotos: Películas a fondo