Un productor sin barreras y su cine sin fronteras: Dino De Laurentiis

Ayer mismo dábamos cuenta de la noticia del fallecimiento del productor Dino De Laurentiis, al que me propongo rendir un justo tributo por ser uno de los productores europeos más internacionales, que supo compaginar producciones italianas con producciones internacionales, abriéndose paso en el competitivo mercado estadounidense y dejando un magnífico legado cinematográfico.

Dado que es fácil tener acceso a la filmografía completa de Dino De Laurentiis, me propongo realizar este viaje en primera persona, por aquellos títulos que más me han marcado. Y es que una de las primeras referencias cinematográficas que recuerdo, de cuando todavía era un niño, es la de Dino De Laurentiis. Algo inusual al tratarse de un productor de cine, y mucho más tratándose de uno europeo. En mi inocente mente infantil, carente de prejuicios, que no diferenciaba entre cine español, italiano, internacional o estadounidense, propiciado probablemente por el hecho de que todas las películas se veían dobladas en un cine de pueblo, llegué a asociar el nombre que encabezaba algunas de aquellas películas que tanto me gustaban con el nombre del productor italiano.

La primera película que recuerdo haber visto en el cine producida por Dino de Laurentiis, fue su remake de “King Kong” (1976). La película supuso un impacto espectacular pues, aunque nunca había podido ver la versión de los años treinta conocía la historia a la perfección, y me fascinaba, como así lo hizo también la película. Vista con el tiempo puede que no sea una de sus mejores películas ---ciertamente mucho mejor que la que hiciera Peter Jackson---, pero el recuerdo que perdura en mi memoria de momentos como la nublosa llegada a la isla, la intuición de la aparición del monstruo, el contraste entre el frágil cuerpo de Jessica Lange frente a la monumental figura del gorila gigante y la empatía que este produce en la parte final de la película, hacen que incluso agradezca la posibilidad de haber visto esta historia en la pantalla grande, aunque fuera en forma de un discutido remake.

Trasladado a los Estados Unidos para iniciar su periplo americano, donde solicitaría la nacionalidad estadounidense, los títulos de la década de los setenta cabalgan entre las dos vertientes que Dino de Laurentiis explora desde sus inicios: por un lado un cine de calidad a cargo de directores de prestigio en títulos tan celebrados como “Serpico” (1973), “Three Days of the Condor” (1975), “Buffalo Bill” (1976), "The Serpent’s Egg" (1977) o “King of the Gypsies” (1978); y por otro lado, un cine más comercial y rentable en taquilla como “Death Wish” (1974), algunas películas del dúo formado por Terence Hill y Bud Spencer, “Orca” (1977) o “Hurracaine” (1979).

La convulsa década de los ochenta comienza con la pérdida de uno de sus hijos, Federico, en un accidente aéreo ocurrido en Alaska. Dos años más tarde, Silvana Mangano, su compañera sentimental y esposa desde 1949 se separaría de él, para pedirle el divorcio definitivamente en 1988, justo al día siguiente de que su empresa De Laurentiis Entertainment Group (DEG), que fundara a comienzos de la década se declara en bancarrota. Tristemente Silvana Mangano fallecería sólo un año después.

Resulta irónico comprobar que el fracaso llega después de una década que había comenzado con un rotundo éxito de público y crítica como "Ragtime", al que siguen filmes más inclinados hacia el cine comercial y evasivo, como las adaptaciones de cómics que se materializan en filmes, tan kitsch como efectivos comercialmente, como fueran “Flash Gordon” (1980), “Conan the barbarian” (1982) ---otra de las películas que me impresionarían muy favorablemente ya en mi adolescencia--- y su secuela, así como el ciclo de filmes vinculados a Stephen King que incluyen títulos como la inquietante “The Dead Zone” (1983), “Cat’s Eye” (1985), “Silver Bullet” (1985) o la primera (y única) incursión del novelista de Maine en la dirección cinematográfica, "Maximum Overdrive" (1986), y que constituiría un sonoro fracaso.

Quizás el enorme esfuerzo que supuso la producción de “Dune, cuyo presupuesto fue desperdiciado por el primer director asociado al proyecto, Alejandro Jodorowsky, en detrimento de David Lynch que tuvo que afrontar una producción más modesta que debía recuperar lo malgastado anteriormente. Aunque a corto plazo la película no consiguiera su objetivo, no se puede obviar que la película ha ido cosechando un gran número de admiradores. Notablemente favorecida con el paso del tiempo, posiblemente gracias a la aproximación de un cineasta como David Lynch más interesado en la pérdida de la inocencia de Paul Atreides que de la espectacularidad visual que un filme de ciencia ficción podría aportar al conjunto de su filmografía. Recordemos que llegaba después de haber rechazado rodar “Return of the Jedi” para George Lucas.

Como muestra de confianza, Dino de Laurentiis accede a la petición de David Lynch y le da vía libre y final cut para la que será su obra maestra, “Blue Velvet, una de las películas más influyentes desde "Citizen Kane", que aunque no producida por él mismo, sino por Fred C. Caruso, sí estaría presentada y distribuida por su compañía DEG.

Tampoco podemos dejar de lado otra polémica película de esta década, “Year of the Dragon, amada y odiada a partes iguales en su día fuera un título controvertido por la dureza de algunas secuencias sangrientas, una secuencia de sexo interracial con uso de violencia y una mirada sobre las mafias chinas que operaban en la ciudad de Nueva York que no gustaron a los colectivos asiáticos. Dirigida por un cineasta que igual que el productor ha estado acostumbrado a recibir lo mejor y lo peor, Michael Cimino, junto a la película de Lynch, constituye desde mi punto de vista, lo mejor de esta década y de casi toda su filmografía.

Dino De Laurentiis vuelve a casarse con el inicio de la década de los noventa remontando de nuevo el vuelo en su producción cinematográfica, aunque con una actividad menos intensa en títulos como “Desperate Hours” o la tercera entrega de la saga de Sam Raimi, “Army of Darkness”. Los últimos títulos de su filmografía están vinculados a las novelas de Thomas Harris, de las que ya había llevado a la gran pantalla la primera de todas en “Manhunter”. Tras una carrera comercial poco afortunada, no se atrevió con la segunda novela, que se convertiría en la aclamada “The Silence of the Lambs”, pero que retomaría para completar toda la saga con “Hannibal” (2001), “Red Dragon” (2002) y “Hannibal Rising” (2007).

El esta última etapa y favorecido por el éxito comercial de sus últimas películas Dino De Laurentiis y los estudios Cinecittà se alían para crear CLA Studios en Marruecos, unos estudios de rodaje con una extensión de 150 hectáreas y dos sets de rodaje de 1800 m2 cada uno.

Hijo de un fabricante de pasta, Dino De Laurentiis había nacido un 8 de agosto de 1919 en Torre Annunziata, Italia. A finales de los años treinta comienza a involucrarse en el cine, como actor primero y como jefe de producción después hasta que en 1941 estrena su primera producción, “L’amore canta”.

La Segunda Guerra Mundial interrumpe su actividad cinematográfica, que retoma con fuerza en la posguerra, cuando alcanza su primer éxito internacional con “Riso amaro” (1949), película dirigida por Giuseppe De Santis, que más que encuadrarse dentro del neorrealismo, utiliza las características del movimiento, en alza en esos momentos, para fusionarlas con el melodrama, obteniendo una película igualmente efectiva que sabe integrar el discurso social con tintes de documental con una barroca y exuberante puesta en escena que impone el nombre de su actriz protagonista, Silvana Mangano, que se casaría ese mismo año con Dino De Laurentiis.

Fundando en 1946 la empresa Dino De Laurentiis Cinematografica, desarrolla su actividad a través de filmes entre los que destacan “Totò a colori” (1952), la primera película en color del cine italiano, “Europa ‘51” (1952), dirigida por Roberto Rossellini incluyendo ya en el reparto a Ingrid Bergman, “Dov’è la libertà…? (1954) o “L’oro di Napoli” (1954), dirigida por Vittorio De Sica, todos ellos alejados ya de las premisas neorrealistas.

Aliado con otro de los grandes productores italianos de la época, Carlo Ponti, llegaría uno de los mayores éxitos, no sólo de su carrera sino del cine internacional, como es la tierna, dura y emotiva historia de Zampanò y Gelsomina en “La Strada” (1954), una película que, dirigida por Federico Fellini, obtendría el oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa y el León de Oro en el Festival de Venecia, que consagraría definitivamente a productor, director y protagonista.

Las intenciones comerciales de Dino De Laurentiis eran fáciles de prever, pues había ido colocando actores de Hollywood en sus modestas producciones italianas, hasta que afronta su primera coproducción internacional, “War and Peace (1956), tras cuyo éxito se permite disolver la sociedad con Carlo Ponti y abordar un plan para construir sus propios estudios cinematográficos en lo que se daría en llamar Dinocitta.

Repite el éxito junto a Federico Fellini con “Le notte di Cabiria (1957), que volvería a llevarse el Oscar, además del premio a la Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Cannes para Giulietta Masina, a la que siguen otros éxitos como “La tempesta” (1958) o “La grande guerra” (1959).

Pero la desigualdad de las producciones de Dino De Laurentiis provocan que su sueño se venga abajo, desmantelando su personal ciudad del cine para abordar una etapa tan frenética como disparatada en la que combina todo tipo de géneros y estilos alternando títulos estimulantes con las cotas más bajas de su filmografía y que va desde “5 Branded Women” (1960), “Barabba” (1961), o “Il processo di Verona” (1963), hasta “Thrilling” (1965), un proyecto tan ambicioso como fallido como “The Bible: In the Beginning…" (1966) u otro tan atrevido como superficial como “Barbarella” (1968).

Con el fallecimiento de Dino de Laurentiis no sólo se pierde a un productor que se movía más por instinto que por probabilidades de beneficios, que prefería confiar en los profesionales del cine que en los ejecutivos de la industria del cine, sino a un productor que supo imprimir su característico sello personal al conjunto de su obra, que trataba de hermanar el cine de Hollywood con el cine hecho en Europa, que buscaba la ecuación perfecta que dotara a sus filmes de una cualidad comercial sin perder la calidad artística, y que amaba al cine tanto como a su propia familia.

Foto: De Egipto a Roma Film Reference DivX Clásico