Adios a Luis García Berlanga, cineasta universal

“De mayor” y “tranquilamente”, según uno de sus hijos, fallece a las cinco de la madrugada de este mismo sábado, en su casa de Pozuelo (Madrid), Luis García Berlanga, la última de las tres “B” del cine español de los años cincuenta, que formaba junto con Luis Buñuel y Juan Antonio Bardem, junto al que rodaría su primera película, “Esa pareja feliz”.

Director de la obra que supuso el primer gran éxito internacional del cine español, “¡Bienvenido, Mr. Marshall!, con la que ganaría el Premio Internacional de Cannes, además de una mención especial por el guión, en colaboración con Miguel Mihura y Juan Antonio Bardem.

Su obra supone un excepcional legado en el que descompone y desgrana la sociedad española de finales del siglo XX a través de filmes tan extraordinarios como “Los jueves, milagro”, mención especial en Valladolid; “Plácido”, nominada a la Mejor Película de habla no Inglesa; “El verdugo”, premio FIPRESCI en Venecia; o “Todos a la cárcel”, Goya a la Mejor Película y Mejor Director; o “Paris Tombuctú”, Premio a la Mejor Película Latinoamericana en Mar de Plata.

Luis García Berlanga nace el 12 de junio de 1921, en el seno de una familia burguesa ligada a la izquierda. Nieto de un gobernador de Valencia e hijo de un diputado de la Unión Republicana (Frente Popular), abandona los estudios de Derecho para alistarse en la División Azul, tratando de evitar represiones franquistas ante el ingreso en prisión de su padre.

Condenaron a mi padre a la peña de muerte, y por eso me fui a la División Azul... en realidad, estaba enamorado de un chica y pensé que con esta muestra de valor se quedaría prendada de mí.

Estudia Filosofía y Letras antes de ingresar en el recién instaurado Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), creado por el gobierno franquista para paliar las fuertes imposiciones que la censura había creado entorno al cine y que, después, pasaría a denominarse Escuela Oficial de Cinematografía, de la que se licenciaría junto a Juan Antonio Bardem, y con que co-dirigiría “Esa pareja feliz”, pero que sería estrenada después de “¡Bienvenido, Mr. Marshall!”.

Bardem y yo la preparamos como si fuéramos a construir la torre Eiffel: dibujos, alzados, a qué altura debía ir la cámara... todo debido al atracón de prepotencia que habíamos adquirido en las clase de Serrano de Osma y Antonio del Amo y con los libros de Kulechov, Eisenstein, Pudovkin y demás genios, rusos sobre todo.

En este primer cine de Berlanga, al igual que en una parte del cine español de la época, se percibe una fuerte influencia del neorrealismo italiano, que impulsa una corriente crítica de cineastas al margen de una industria cinematográfica española que había florecido bajo el amparo del gobierno franquista y sus créditos sindicales, y que sería muy criticada por Juan Antonio Bardem en aquellas Conversaciones de Salamanca.

Berlanga desarrolla su discurso a través de una, aparentemente inocente, pátina de sainete y vodevil, pero que encierra una sarcástica crítica sociopolítica que le acompañará a lo largo de toda su carrera. Al igual que sus planos secuencia tan característicos, que no tenían una función estética, sino que para dotar de mayor espontaneidad y credibilidad al trabajo de los actores y actrices sobre los que recae todo el peso de la narración.

Nada debería estar sujeto al guión, los actores deberían inventar la película. Yo tengo fama de ser caótico, pero es mi forma de trabajar y lo que he perseguido siempre. Y siempre he huido de la farsa, todo lo que se ve en mis películas es real, son cosas que he vivido o me han pasado.

Paradojicamente, el fuerte arraigo y localismo de las historias que cuenta hacen que la mayoría de ellas sean universales, a través de un cine en el que lo importante son las cosas que se cuentan, no cómo se cuentan. Si en “Esa pareja feliz” pone de manifiesto que la sociedad española de posguerra era cualquier cosa menos feliz, al contrario de lo que se mostraba en el cine amparado por el gobierno, en otros títulos arremete contra la hipocresía y la religión en filmes como “Los jueves, milagro", última película de la década de los cincuenta que cierra su primera etapa.

“Siente un pobre en su mesa”, era la premisa con la que el guionista Rafael Azcona y Berlanga comienzan una fructífera y longeva colaboración que les lleva a criticar la hipocresía y la falsa caridad imperante en la sociedad ruin y mezquina de “Plácido”. Un filme que no deja títere sin cabeza y que, como la mayoría de las películas de Berlanga, sigue estando tan vigente en la actualidad como el día de su estreno.

Con “Plácido” se inicia una nueva etapa en el cineasta que tiene su punto más alto en “El verdugo”, película que se aleja del tono cómico para erigirse en un inteligente alegato contra la pena de muerte, que aunque se alzó con premio en Venecia, acabó convertida en arma política que llevaría al caudillo español a pronunciar la frase "Berlanga no es un comunista; es algo peor, es un mal español", que le conduciría a un inevitable parón profesional que le obligaría a rodar en Argentina su siguiente película, “La boutique (Las pirañas)”.

En los coletazos del franquismo y rodada en francés, “Grandeur nature (Tamaño natural)” pone de manifiesto una de las singulares obsesiones del cineasta: el fetichismo. Fruto de esta particularidad sería La Sonrisa Vertical, la colección de literatura erótica de Tusquets, cuyos precursores serían la editora Beatriz de Moura y el propio Luis García Berlanga y que vería la luz a partir del año 1977 siendo el primer premiado Camilo José Cela con La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona, más tarde convertida en película.

Paradójicamente, la libertad que trajo consigo la transición resultó menos estimulante que las tretas y artimañas metafóricas y los dobles sentidos lingüísticos utilizados para sortear la censura, con lo que su cine adolece de una falta de profundidad que no evitó que su trilogía nacional, iniciada con “Patrimonia nacional”, fueran muy bien recibidas por crítica y público. El mayor éxito de esta época lo constituye “La vaquilla”, que mencionábamos recientemente, a la que siguen títulos, quizás menos interesantes, pero siguen manteniendo todas las características de su cine, así como ahondan en el comportamiento de la sociedad española de fin de siglo.

Ya en los años ochenta se podía percibir la influencia del director valenciano en algunos cineastas como Pedro Almodóvar, probablemente también por la presencia de uno de sus hijos, Carlos Berlanga, en la movida madrileña. Pero será en los años noventa cuando se perciba más claramente su influencia en las obras de cineastas como Álex de la Iglesia, Miguel Albaladejo y, sobre todo, Santiago Segura.

Precisamente, “Torrente, el brazo tonto de la ley” sería la última película que vería en una sala de cine. Precisamente Santiago Segura sería el protagonista del cortometraje “El sueño de maestra, cortometraje que ilustra uno de los sueños de los habitantes de Villar del Río en “¡Bienvenido, Mr. Marshall!”. Prohibido por la censura en su momento, curiosamente cierra su filmografía ligando su última obra con la primera.

En 2002, su hijo Carlos muere de cáncer, un duro golpe que le aleja de la escena pública. A lo largo de esta década se irá desarrollando uno de sus sueños: construir unos platós cinematográficos en la Comunidad Valenciana. Sueño que se materializa en la Ciudad de la Luz, que entre que él la prefería en Sagunto, mejor que en Alicante y otras discrepancias con el Gobierno de la Generalitat Valenciana, le alejarán también del proyecto. Curiosamente allí es donde se rodaría parte del documental “Por la gracia de Luis”, dirigido por José Luis García Sánchez, que junto con el libro ¡Viva Berlanga!, le rendiría tributo.

Premio Nacional de Cinematografía en 1981, Medalla de Oro de las bellas Artes en 1983, Príncipe de Asturias en 1986 y elegido como uno de los cineastas más relevantes del mundo en el Festival de Karlovy Vary, esta misma semana se presentaba un anuncio de Médicos Sin Fronteras protagonizado por Berlanga en el que trataba de buscar solidaridad por las enfermedades olvidadas y que constituye un hermoso mensaje póstumo para uno de los más grandes cineastas que ha dado el cine español para el mundo. Desde aquí nuestro más sincero homenaje.

Vía: Eskup | Fotos: Cine Crítico