«Nightmare on Elm Street» y el remake como pesadilla

Director de videoclips antes que cineasta, Samuel Bayer demuestra con el remake de “A Nightmare on Elm Street”, que cuanto más dinero le das a un director principiante, menos imaginación va a utilizar para resolver su innecesario proyecto.

Me cuesta entender que teniendo un producto de demostrada efectividad como era el personaje de Freddy Crueger, que tantos metros de celuloide y horas de cintas de vídeo a gastado, dos guionistas como Wesley Strick y Eric Heisserer hayan sido capaces de destrozar una historia que funcionaba a la perfección tal y como estaba desarrollada. Del segundo no podría estar esperando nada pues casi es su primer guión para cine, pero el primero, sí lleva a cuestas una estimable carrera como guionista dentro del género del thriller que incluye títulos como “Arachnophobia”, “Cape Fear”, “Final Analysis”, “Wolf”, “The Saint” o “Doom”. Dados los avatares que ha sufrido la producción, que un principio iba a ser la precuela de la pesadilla dirigida por Wes Craven, que devino, no sólo en remake, sino también en reboot, pues ya se cuece la secuela, no me extrañaría que Strick figure en los créditos por cuestiones legales, siendo responsable del desaguisado su colega Heisserer, sobre todo sabiendo que este último participa en la secuela y el otro no.

Los cambios introducidos para esta nueva versión se limitan a una alteración del orden de los sucesos, reproduciendo con bastante fidelidad la manera en que son asesinados por Crueger todos y cada uno de los adolescentes, a los que se les ha cambiado el nombre ---pareciera que el nombre de ellos es un homenaje a Quentin Tarantino, más que nada porque incluyen el famoso plano desde el punto de vista del maletero de un coche. La única aportación a la historia es la que muestra las causas y modo en que los padres de estos adolescentes acabaron con el monstruo que aterrorizaba a sus niños, quedando ellos totalmente absueltos de cargos por impedir a un presunto inocente a defenderse legalmente y del ajusticiamiento al que tranquilamente le someten, ¿que diría Fritz Lang sobre esto? Parece que los individuos americanos se hacen a sí mismos aquello que su país les hace a otros países.

No entiendo la alusión al flautista de Hamelín. Me parecen ganas de buscar precedentes que proporcionen a la historia un cariz más intelectual, lo mismo pienso de los dibujos de Nancy, que cualquiera hubiera dicho que los hiciera cuando tenía seis años y los conservara desde entonces. También resulta bastante inverosímil que no haya ninguna investigación, que mueran uno tras otro en circunstancias claramente extrañas, pero nadie se pregunte quién, cómo, ni por qué han sucedido los sistemáticos asesinatos de estos supuestos adolescentes. No es que sea inverosímil, es que resulta absolutamente increíble que ninguno de los padres lance el grito de alarma ante la desaparición de todos y cada uno de los compañeros de parvulario de sus hijitos. ¡A lo mejor era una pelcíula parodia y no me di cuenta!

Me es imposible resaltar nada de la película, ni las interpretaciones, ni la fotografía, ni la banda sonora, nada. Todo en ella me aburre y lo único que consigue es provocarme unas ganas irrefrenables de volver a ver la versión de Wes Craven. Estamos ante una nueva muestra de cineastas que sólo son capaces de conseguir interesar en sus tráilers. Aparte de que resulte inevitable echar de menos a Robert Englund, ni que decir tiene.

Tras ver esta “pesadilla”, encuentro gratificante un experimento tan mal acogido en su día como el que hiciera Gus Van Sant con “Psycho”, que resultara mucho más honesto al intentar demostrar que haciendo exactamente lo mismo, hacía algo diferente. Algo parecido a lo que repitiera Michael Haneke con su “Funny Games”, en el que parecía querer decir que su historia funcionaba igual de bien en Europa que en los Estados Unidos, demostrando que era universal y que el mal no tiene fronteras. Queda claro que la ausencia de creatividad tampoco las tiene, ni fronteras ni escrúpulos.
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Fotos: Creepy Crew