“Buried”, excelente malabarismo

Con tan sólo dos películas, Rodrigo Cortés se ha convertido en uno de los directores más interesantes y personales del reciente cine español. Experto en hacer lo que nadie parece capaz de hacer, en la magnífica "Concursante" se adelantaba a la actual crisis y hacía una película sobre macroeconomía entretenida y accesible, por increíble que parezca. Ahora en "Buried" riza el rizo y da un triple mortal sin red, haciendo una vez más algo que a priori parece imposible: rodar un frenético thriller, cercano a la aventura, con un sólo personaje enterrado vivo en un ataud durante hora y media. Y sale, de nuevo, victorioso.

"Buried" es, de lejos, la mejor película española que se ha estrenado este año. Una película sincera en el manejo de sus premisas, consecuente con sus planteamientos, y sobre todo, una película que consigue con creces su objetivo: hacer que el espectador sienta la angustia del personaje protagonista. No recomendada para quien no le guste pasarlo mal en el cine, pero altamente recomendable para todo aquel que disfrute con el poder del séptimo arte para transmitir sentimientos y, sobre todo, todo el que disfrute con los ejercicios y malabarismos narrativos que ciertos directores nos brindan cada cierto tiempo.

"Buried" puede que no esté a la altura de sus más claros (y confesos) referentes: ejercicios cinematográficos como "Duel" o "Rope", pero es de alabar la ambición de Cortés, pues, aunque no llegue a la altura de sus ilustres predecesores (algo realmente complicado), sale triunfal del reto, declarándose alumno aventajado de Hitchcock o Spielberg. Y lo consigue gracias a tener muy claras las herramientas con las que cuenta.

Un guión del debutante Chris Sparling escrito más desde el estómago que desde el cerebro. Una historia que se salta a la torera todos los convecionalismos del cine de género, y que confía ciegamente en el poder de su premisa, que mezcla con maestría terror, thriller, aventuras y cine político. Porque el mensaje principal de "Buried" es político. Todos los que el año pasado alababan a "The Hurt Locker" por retratar a las auténticas víctimas de las guerras, deberían ver "Buried". Sparling y Cortés sí que saben mostrar las consecuencias de la guerra y, sobre todo, lo manejable y prescindible que es el ciudadano para gobiernos y corporaciones. Igualmente el tratamiento del terrorismo desde el punto de vista de la víctima es muy valiente, más en un país como España que lleva sufriendo esa lacra muchos años. La situación de Paul Conroy nos recuerda a tantos chantajes que hemos sufrido por parte de terroristas, y te hace replantearte realmente algo que todos tenemos tan asumido: el bien del colectivo por encima del bien del individuo. Es fácil decirlo, pero difícil ser el individuo. "Buried" te pone en su piel.

A la valentía del guión se le une la excelente realización de Cortés. A cualquier realizador no se le ocurrirían más de cinco o seis planos distintos que hacer dentro de un ataúd. El espacio limita. Pero Cortés no sólo inventa y reinventa planos y tiros de cámara a lo largo de su película, sino que los utiliza con un sentido narrativo único, haciendo que tu angustia vaya paralela a la del protagonista, guiando tus sensaciones a su antojo. Apoyado por una excelente fotografía de Eduard Grau, capaz de apoyarse en cada pequeña fuente de luz sin que se note cómo narices lo ha hecho. Si a esto unimos un genial score de Víctor Reyes, que dota a la narración de un tono épico y sabe reforzar cada una de las situaciones por la que pasa el protagonista, un Ryan Reynods que firma el mejor papel de su carrera y que casi se garantiza un Goya (esperemos que en los Oscars también se fijen en él, aunque sea para una nominación).

No es una película fácil. Ni fácil de hacer ni fácil de ver, pero es una excelente muestra de la base, el origen, la naturaleza del lenguaje cinematográfico. Un actor, un escenario y una historia. Cortés no necesita más para mostrar el poder que tiene un plano estático, o un travelling hacia un rostro, o la ausencia de luz... Todo en "Buried", guión, realización, montaje, música, iluminación, sonido... es digno de estudiarse en cualquier escuela de cine, esas que están llenas de alumnos quejándose de las limitaciones técnicas que tienen y que no saben, o no sabemos, darnos cuenta que para hacer una buena película, lo único que se necesita es imaginación. La que a "Buried" le sobra. Buried ha costado sólamente unos 2 millones de euros, pero viéndola uno se pregunta si no se podría haber hecho aún por menos. Porque en épocas de grandes presupuestos y efectos especiales, Cortés solo necesita un buen guión, un buen actor y un par de elementos de atrezzo para mantener al público sentado en su butaca (o retorciéndose en ella) durante hora y media.

En definitiva, una película excelente, que te atrapa desde el minuto uno, siempre y cuando te dejes atrapar, y sepas a lo que vas: hora y media de un tío encerrado en un ataúd. No se le da ni una concesión al espectador más vago, y es esta su mayor virtud, permanecer fiel a sus principios y no sacar en ningún momento la cámara del ataud, pero es, a la vez, su mayor defecto: un público no enterado, no predispuesto, impaciente o desinformado, puede no disfrutar la película en absoluto, como bien atestiguaron mis compañeros de butaca. Claro que estamos hablando del tipo de público que no para de quejarse durante toda la proyección y que en mitad del cine contesta una llamada de un movil en el que suena como melodía "El Barrio", un público que, definitivamente, no se merece estar en esa sala, pero bueno, eso es otro asunto.