La «Nouvelle Vague» de luto: falleció Claude Chabrol

Es lamentable que muchas veces tengamos que retomar a una de las escuelas teóricas y fílmicas más importantes de la historia del cine sólo con el objetivo de anunciar un deceso o un premio. Si bien se ha estado hablando mucho de Jean-Luc Godard esta semana con referencia a lo último, hoy tenemos que anunciar con tristeza que otro miembro de la Nouvelle Vague, Claude Chabrol, falleció en el día de ayer a los 80 años.

Chabrol fue uno de los miembros más importantes de la Nouvelle Vague, una escuela de cine que nació bajo el auspicio del crítico André Bazin y que se reunió en la redacción de la revista de crítica cinematográfica Cahiers du Cinema. La importancia de esta publicación es notable y nos permite entender varias de las producciones que tanto Chabrol como otros miembros eminentes del grupo llevaron adelante luego --- basta mencionar algunos nombres y se nos pone la piel de gallina: Eric Rohmer, François Truffaut, el ya citado Jean-Luc Godard, Alain Resnais; miembros relacionados con personas del grupo en entidades posteriores, como Agnès Varda, quien estuvo vinculada con un costado más políticamente radicalizado que recuperaba algunas propuestas de estos grupos: basta ver el excelente filme de la directora "Sans toit ni loi" (1985) ---.

¿Cuáles son las innovaciones efectivas del grupo? En principio, la colocación en el centro de la escena de la obra de Alfred Hitchcock, director que hasta el momento no recibía tantas alabanzas como en la actualidad y cuya "canonización" para la producción cinematográfica cae, en gran medida, en las manos de estos críticos devenidos luego en directores. Consideremos que fue Chabrol junto con Truffaut quienes le realizaron al director inglés una importante entrevista para los Cahiers, admitiendo la fuerte influencia que su cine tendrá en las realizaciones de ambos directores.

A diferencia de los experimentos formales que Godard lleva adelante --- sobre todo en sus últimas producciones ---, o inclusive la apuesta por cierto tono melancólico en los filmes de Truffaut --- basta revisar "Les quatre cents coups" (1959) para ver cómo funciona esta especie de semblanza de la niñez francesa, o seguir la historia de ese personaje central en toda la obra del director, personaje que sigue hasta su adultez, Antoine Doinel, interpretado a lo largo de las diversas películas por el mismo actor, Jean-Pierre Léaud ---; el cine de Chabrol funciona de una manera un tanto más sutil, parca, en donde el relato presenta una sencillez argumentativa que apuesta por la forma medida, no puesta por delante, sino sostenida a partir de ideas mínimas enlazadas con coherencia: una estructura bien dispuesta que se mantiene un paso atrás de la vista del espectador. Así lo demuestra el trinomio constituído por elementos formales constantes a lo largo de su obra, tres nombres propios que funcionan como casilleros vacíos de su producción: Charles–Hélène-Paul, en donde el primero opera la mayor parte del tiempo como víctima y el último como verdugo, mientras que la mujer en cuestión hace las veces de personaje situado en el medio de estos polos que conserva características tanto de uno como de otro. Los primeros "Charles" y "Paul" se encuentran en "Les cousins" (1959), segunda cinta del director, filme que concide en año con la citad película de Truffaut y que invita a la comparación para revisar los estilos de ambos.

El estilo sobrio de Chabrol no significa, precisamente, un abandono del costado crítico del cine: cada una de sus películas --- más de cincuenta --- albergan un comentario mordaz sobre la burguesía francesa, sobre sus costumbres, sobre el sistema capitalista o la injusta repartición de la riqueza. Al mismo tiempo, cuestiona constantemente el lugar del hombre dentro de este tipo de sociedad: a eso se debe su interés por los personajes femeninos, personalidades interesantes a las que, según su punto de vista, sí les pasan cosas que vale la pena contar. Basta con leer una de las últimas entrevistas que ofreció para descubrir que este costado crítico de sus comienzos siguió vigente hasta el final.

El cine de Chabrol es una de esas producciones fundamentales que estamos obligados a visitar para entender tanto a la cinematografía contemporánea como a cualquier manifestación artística: producciones como las suyas ponen el acento en el trabajo artístico como una labor de artesano, en donde las piezas, así como cada uno de los planos de un filme, deben estar pulidas y bien organizadas para cumplir su objetivo.

¿Cierra la muerte de un autor una obra? O mejor: ¿abre? Habría que revisar hasta que punto el deceso de un artista permite este doble movimiento de clausura y apertura. Como teorizó Walter Benjamin acerca de las traducciones, toda obra de arte tiene siempre, en todo momento, una sobre-vida.

Los dejo con la noticia del fallecimiento de Chabrol dada a conocer por el noticiero argentino Vision 7, a los fines de ilustrar algunos detalles de la vida del cineasta.

Vía: Página 12 | Foto: Cinecritic