“From Paris with Love” y el pasaporte para el nuevo mundo

No dudo que habrá quienes les parezca que una crítica sobre “From Paris with Love”, después de algo más de cuatro meses en cartel, puede llegar con cierto retraso. Por ello, y dado que ya disponemos de un crítica previa de la película, no voy a plantear la mia como un repaso de lo que me pueda parecer acertado de un producto en el que más que el director o el guionista, quien llama la atención es uno de sus productores, autor, además, de la idea original que impulsa la película: Luc Besson, al menos de tal manera se nos ha presentado en los sucesivos tráilers.

Siendo uno de los cineastas, no ya franceses, sino internacionales que más detesto, no puedo dejar de lado el hecho de que sea, a la vez, el creador de algunas de las películas de acción europeas más fascinantes ---del amor al odio siempre hay un paso--- como “Subway” o “La femme Nikita”. “The Professional” no es fascinante, sólo molona y el resto de su obra absolutamente prescindible, incluyendo ese flamante producto realizado con una deliberada intención de hacer una película de culto, que fracasara estrepitosamente por muchos elementos que se le incluyeran como fue “The Fifth Element”. Es justo decir que también está detrás de otros títulos, siempre de acción, que cumplen plenamente su objetivo de entretener como la franquicia "The Transporter", de la que, casualmente, Pierre Morel fuera director de fotografía.

Los primeros veinte minutos de “From Paris with Love” nos predisponen para una interesante película de espías a la europea, con un esforzado Jonathan Rhys Meyers encarnando a James Reece, un personaje en la línea de aquellos que interpretara Michael Caine en los años sesenta o, incluso, recogiendo el testigo dejado por la saga Bourne. Pero todo concluye en el momento en el que aparece en escena Charlie Wax, el personaje interpretado por John Travolta: una desagradable caricatura de un agente estadounidense que, más que hacerme gracia, me incita a una reflexión: si los americanos se creen realmente poderosos, los europeos ---a al menos algunos de ellos--- tienen una visión infinitamente más arrogante y prepotente de la que ellos mismos se encargan de transmitir. Y deberían hacérselo mirar por un médico.

La rendición incondicional de Luc Besson y sus coleguillas profesan al cine made in Hollywood, les lleva disfrazar su desaforado racismo en forma de lucha antiterrorista, llegando a mostrar un París casi completamente ausente de franceses y, si bien es cierto que la película puede resultar muy entretenida, con sus secuencias de acción espectacular, la gran dosis de sentido del humor que profesa Charlie Wax en detrimento de James Reece, y esas leves dosis de sexo implícito ---que no explícito---, no bastan como para tomarse la película en serio ¿Realmente se cree alguien que un agente norteamericano puede llegar a cualquier país que no sea el suyo y armar el pitoste que organiza Charlie Wax sin estar en guerra?

Queda claro que a estos gabachos les gusta mucho “Pulp Fiction. ¡Que bien! ¡Cómo mola! Pero ¿la habrán entendido? ¿Saben por qué muere Vinvent Vega en la película de Quentin Tarantino? ¿Entienden la moraleja que plantea Jules Winnfield? ¿Pillaron lo de la magdalena o ni siquiera se han parado a leer a compatriotas suyos como Marcel Proust? Puede que a estos galos no les interese el cinéma de qualité, pero a Tarantino sí. También es patente la devoción por Stanley Kubrick, aunque claro, no les queda camino por recorrer ni nada...

De cualquier manera, parece que la jugada le ha salido muy bien a Pierre Morel, pues ya está involucrado en la dirección de la nueva adaptación de la maravillosa novela de Frank Herbert, “Dune. Espero que, por lo menos, no se les ocurra acudir a Luc Besson ni para que asesoramiento ni para nada. Ni a Louis Leterrier tampoco, ¡por favor!
2 estrellas
Foto: Demasiado Cine Revista Cinefagia