«Welcome», pero sólo si eres de mi color, mi clase y mi (in)cultura

Premio jurado ecuménico en el Festival de Berlín, además de otros premios internacionales, "Welcome", la última película dirigida por Philippe Lioret, es una inteligente crítica al sistema político francés en materia de inmigración, a la vez que una hermosa historia de amistad entre dos personas de diferentes culturas.

Bilal (Firat Ayverdi), 17 años, iraquí, ha emprendido un viaje a través de Europa cuyo destino es Londres, pero no porque huya de la guerra, sino porque está enamorado de Mina (Derya Ayverdi), que vive allí con su familia. Tan sólo le queda un último paso, el salto de Francia al Reino Unido, pero Bilal no es capaz de respirar dentro de una bolsa y, a su pesar, se delata a sí mismo y a sus compañeros cuando estaban escondidos en un camión a punto de cruzar en un ferry. Al proceder de un país en guerra, un juez dictamina que no se le deporte, pero tampoco se le concede la condición de refugiado ni ninguna otra ayuda, se le echa a la calle. A Bilal se le ocurre la peregrina idea de cruzar el Canal de La Mancha a nado. Pero no sabe nadar, por lo que acude a una piscina para aprender, donde conoce a Simon (Vincent Lindon), cuarenta y pico, francés, profesor de natación, que se está divorciando de Marion (Audrey Dana), a la que todavía ama.

"Welcome" es una película que trama varios temas, pero todos ellos muy sutilmente, con elegancia, con sensibilidad, con respeto. En muchos de los casos, además, los trata aprovechando el contraste de las situaciones, que no aleja a los personajes, sino que irónicamente, les acerca. Por eso quizás, las partes en la que los personajes no hablan en nuestro idioma no están ni traducidos ni subtitulados. Para entenderles, sólo hace falta prestar un poco de atención a sus gestos y lenguaje corporal y entenderemos a la perfección lo que les está sucediendo, lo que están diciendo, lo que están pensando.

Da lo mismo que seas iraquí, francés o español, en cualquier país del mundo es doloroso estar lejos de la persona que amas. Da lo mismo que seas europeo, asiático o latinoamericano, si eres jugador de fútbol no tendrás los problemas de inmigración que tienen otras profesiones. Da lo mismo que estés en el primer mundo, en el segundo o en el tercero, si eres mujer, vivirás en la misma opresión que en la cultura de la que provienes.

El mensaje que transmite "Welcome" no es esperanzador, pero tampoco es deprimente, más bien es realista, sincero, auténtico, por eso enternece y conmueve. La amistad que se forma entre los dos protagonistas no conoce ni diferencia de edad, ni de lenguaje ni de cultura. Además existe un profundo respeto por el otro, pues Simon no está de acuerdo con el plan que pretende llevar a cabo Bilal, pero le respeta y ayuda dentro de sus posibilidades. De hecho, las interpretaciones de Firat Ayverdi y Vincent Lindon son extremadamente acertadas, pues los dos transmiten mucho más de lo que dicen con sus palabras, con sus gestos, con sus miradas, interpretan con todo su cuerpo.

He de decir que todo el equipo técnico de la película pasa desapercibido, desde la dirección de Philippe Lioret hasta la labor de fotografía de Laurent Dailland, pero precisamente por su calidad y por estar absolutamente orientados a la historia que están contando, nunca a conseguir un efecto bonito ni espectacular, sino buscando la verdad, pero sin el aspecto sucio y documental que tuviera "Entre les murs", por ejemplo, sino buscando la invisibilidad del artificio cinematográfico a través de luz, planos y movimientos absolutamente naturales. Destacar, si acaso, la labor de Nicola Piovani, un compositor vinculado en sus inicios al cine de Federico Fellini, pero más reciente al estilo de compromiso político y conciencia social de las películas de Nanni Moretti, que no duda en utilizar temas compuestos por Armand Amar o Kilar Wojciech, para completar una banda sonora penetrante y melancólica, pero sin caer en el sentimentalismo.

Desconozco si esta política de inmigración que se refleja en "Welcome" abarca toda la república francesa o, tan sólo, la localidad en la que suceden los hechos, por estar en la posición geográfica que se encuentra siendo la más cercana al Reino Unido. Pero el hecho de que no se expulse a un individuo extranjero de un país, dejándole en la calle, sin proporcionarle ningún tipo de ayuda y se convierta en criminal al individuo francés que le tiende la mano, me parece un acto de hipocresía terriblemente abominable. Del que se hace responsable a Sarkozi, nuevamente con mucha sutilidad, en una imagen de televisión, sin que ningún personaje haga alusión a él ni a su política. Los hechos hablan por sí mismos.

Por último, resaltar la sutilidad con la que se establece otro debate, el de las culturas dentro de otras culturas. La familia de Mina vive completamente instalada en Londres, pero absolutamente inmersa en la cultura iraquí (y no me refiero sólo a la religión), manifestando que la integración debería circular en los dos sentidos. No sólo el que recibe tiene que abrirse al de fuera, sino el que viene al de dentro, para lograr una completa integración. En este sentido intuyo que, al igual que critica la política de inmigración de Sarkozi, también justifica, las leyes que velan por la no opresión de la mujer inmigrante buscando una auténtica integración en su nueva sociedad, un problema que en España está comenzando a manifestarse con las controvertidas leyes que poco a poco van surgiendo con la prohibición del velo en los lugares públicos.

El contraste a esta situación lo ofrece el personaje de Marion una mujer libre, que puede escoger divorciarse de Simon manteniendo, a la vez, una relación esporádica con él. Al fin y al cabo, la contradicción es una de las características del ser humano, sea francés, iraquí, español o latinoamericano.
4 estrellas
Fotos: La Butaca