El grito mudo de «The Grudge 3»

"The Grudge 3" no sirve más que para demostrar la absoluta carencia de creatividad por parte, primero, de sus guionista, Brad Keene, y después de su director, Toby Wilkins, anteriormente creador de efectos visuales.

Las incongruentes aventuras de los restos de una familia disfuncional, en la que todos son hermanos y no hay ni padre ni madre, y su deambular por un edificio vacío en el que sucedieran unos trágicos incidentes, carece totalmente de interés, a pesar de partir de una fuente tan estimulante como la que iniciara Takashi Shimizu con "Ju-on" y su secuela, rodadas en vídeo y destinadas al mercado doméstico, pero cuyo éxito facilitara que se rehicieran por su mismo director en "Ju-on (The Grudge)" y su pertinente secuela, que siendo clavadas a las dos primeras, eran igual de interesantes, terroríficas y espeluznantes.

El éxito de las cintas trasciende fronteras y el propio Takashi Shimizu se encarga de unos remakes norteamericanos en los que, si ya se intuyera en su manera de hacer cine la inlfuencia de David Lynch, acaba por destaparse a través de un casting absolutamente lynchiano, aunque no consigue, ya no superar, sino tan sólo igualar a sus anteriores versiones.

Ausente Shimizu de la ecuación creativa de esta tercera parte, y sin disponer de un material del que copiar, Brad Keene plantea un auténtico retroceso, en cuanto a la evolución de la historia de fantasmas, que por comparación convierte a "The Grudge" y su secuela americana en cine de autor. El planteamiento de la película se asemeja a los planteamientos del cine terror de los años ochenta ---de las que alude, sobre todo en el personaje de Max (Gil McKinney), a "The Amityville Horror" y, salvando las distancias, "The Shining"---, acabando por sepultar toda la fuerza de sus predecesoras y siendo capaz hasta de provocar la risa y el esperpento cada vez que muestra a Toshio (Shimba Tsuchiya) y Kayako (Aiko Horiuchi).

La dirección de Toby Wilkins no sólo no ayuda a sostener el relato, sino que lo hunde en una aburrida sesión absolutamente carente de misterio, intriga o mera inquietud. Lo más frustraste, en cualquier caso, es que una vez decido ver la película, la veo hasta el final, encontrando una especial antipatía por Lisa (Johanna Braddy) ---no sé si or el personaje o por la actriz---, quien me altera los nervios infinitamente más que las salvajes muertes y desapariciones, llegando a animar a las enfurecidas ánimas en pena para que acaben con su vida, [SPOILER] siendo al final la tonta que se salva.

Ni la banda sonora, ni la fotografía, ni las interpretaciones, ni nada que resaltar de la película, que por otra parte tiene una factura correcta, pero carente de cualquier sentimiento en su desarrollo. Si la hubieran hecho con menos dinero o la hubieran acercado más al estilo visual de un telefilme, igual hubiera tenido su gracia, pero tal y como está más parece un grito mudo más que otra cosa.
1 estrella

Fotos: Film Affinity