«The Last Airbender» ni dobla el aire ni corta el fuego

"The Last Airbender", la última fantasía de M. Night Shyamalan, no defrauda tanto como pudiera parecer, vistos los trailers del filme, aunque tampoco llega a convencer como fantasía épica, vistas sus fuentes.

Katara (Nicola Peltz) y Sokka (Jackson Rathbone) despiertan de su letargo a Aang (Noah Ringer), quien resulta ser el último avatar, destinado a encontrar el equilibrio entre las cuatro naciones que representan los cuatro elementos: aire, tierra, agua y fuego. Pero Aang, que cree haber permanecido enterrado en el hielo unos días, lleva hibernando demasiado tiempo y sus maestros y todos los que son como él han sido exterminados por la nación fuego. Dominando solamente el uso del aire, deberá aprender a utilizar los otros tres elementos antes de poder enfrentarse a su destino.

Está claro que M. Night Shyamalan consigue conservar su propio estilo visual, favoreciendo un producto al servicio de los dictámenes comerciales. Una de sus cualidades ha sido el uso de largos planos secuencia en oposición al típico montaje a base de planos cortos con mucho movimiento ---que al final no dejan apreciar ni entender los movimientos de los personajes dentro de la acción, como por ejemplo pasaba en la saga "The Lord of the Rings" ---, Shyamalan estructura sus secuencias de acción en bellos planos largos en los que toda la acción está perfectamente medida y coreografiada, manteniendo su característica poética visual.

También es cierto que no es un estilo inventado por Shyamalan, sino que es , precisamente, la marca de fábrica que diseñara Ang Lee para su maravillosa "Crouching Tiger, Hidden Dragon", que ha sido una de las indiscutibles fuentes de inspiración para el cineasta de lejano origen hindi, y que ha caracterizado algunas de las producciones relacionadas con el cine de artes marciales posterior, como las producciones de Zhang Yimou. Estas exóticas aventuras fantásticas tienen otro factor a su favor, estar rodadas en idiomas que no son el inglés, lo menciono porque, a pesar de que Shyamalan se ha preocupado de que los nombres citados en la película se pronuncien a la asiática, la magia visual y la cuidada variedad étnica incluida en la película quedan aplastadas por el intranscendental sonido del inglés común que trivializa desesperadamente el visionado en su versión original.

Aunque quizás el inglés sólo suene deslucido por la parquedad de un guión poco trabajado y escrito más para una sencilla película infantil que para una historia épica de aventuras. En este sentido, la palabra y la imagen también aparecen disociadas pues Shyamalan se empeña, constantemente, en mostrar lo que acaban de decir sus personajes o en explicar lo que acabamos de ver por nosotros mismos ---como cuando encuentra el medallón de su maestro y dice que él lo hizo él para regalárselo, viendo a continuación un flashback en el que vemos cómo lo hace y que después se lo regala---, cayendo en una redundancia que diluye la magia, entierra la pasión, apaga la imaginación y enciende las alarmas del aburrimiento. Demasiadas explicaciones para cosas que se intuyen a primera vista, evidenciando una leve inseguridad, quizás por el hecho de enfrentarse por primera vez a una obra que no es la suya.

Tampoco es que en cuanto a las interpretaciones hubiera unas expectativas de encontrar algún futuro nominado al Oscar a la mejor interpretación ---aunque vista la sorpresa de Johnny Depp por su Jack Sparrow, cualquiera sabe---, pero de entre todo el reparto hay un actor que brilla por su total y absoluta torpeza: Dev Patel, el actor británico que se diera a conocer al público internacional en "Slumdog Millionaire", que ni siquiera es capaz de decir su texto con espontaneidad, arruinando todo plano en el que aparece ofreciendo una parca y limitada variedad de muecas y caras exageradas.

Es interesante señalar un puñado de alusiones, que en este caso no me parecen ni copias ni plagios, sino claros homenajes, aparte de al citado Ang Lee y su poética aproximación a las artes marciales, el que hace a Michael Ende, a "Star Wars" ---o más concretamente a "The Empire Strikes Back" en el proceso de aprendizaje de Aang---, la maravillosa alusión a "Tonari no Totoro (My Neighbor Totoro)" en Appa y el maravilloso gato-bus, y, sobre todo, al característico baile que Madonna inmortalizara con la coreografía de "Vogue", que sirve a Shyamalan para que podamos visualizar, en los movimientos de los personajes, cómo dominan los cuatro elementos. Una lástima que no haya ninguna alusión a los filósofos de la naturaleza como Tales, Anaximandro o Anaxímedes. Puede que la filosofía no esté en la misma estantería que la religión en la biblioteca personal de Shyamalan.

De cualquier manera, lo más grotesco es la manera en la que deja preparada la secuela, que más que evocar los mecanismos televisivos, recuerda a los seriales cinematográficos de los años cuarenta que estaban orientados a captar la atención del público para que volviera a las salas de cine a la semana siguiente, proyectaran lo que proyectaran.

2 estrellas

Fotos: Vive Digital Beyond Hollywood