«Dorian Gray» o la importancia de una buena base

Es ésta que ahora llega a nuestras pantallas la primera adaptación de la obra de Wilde que un servidor se lleva a los ojos. No he tenido la suerte de ver ninguna de las anteriores adaptaciones del relato, y pese a que conocía la historia, ignoraba muchos detalles de su trama. Hago ésta aclaración porque supongo que quién llegue a "Dorian Gray" tras conocer en profundidad la obra de Wilde y sus innumerables adaptaciones, verá en la película de Parker un vácuo intento de ser moderno a la vez que respetuoso; un telefilm del tres al cuarto con algunos actores notables. Sólo eso.

Porque el gran mérito de la película es sin duda la obra de la que parte. Tal y como ya os comentó mi compañero Luis, "El retrato de Dorian Gray" es una historia con tantos matices y relecturas, con unos personajes tan bien trazados y evolutivos, y tantos y tantos mensajes detrás de cada acto, que es difícil hacer una mala película partiendo de ahí. Siempre y cuando se sea respetuoso con el material de origen, y en eso, Oliver Parker tiene experiencia.

Sin embargo, el más que digno guión de Toby Finaly se ve lastrado por una realización vacía, en un intento de mezclar el preciosismo visual y el respeto decimonónico digno de un Kenneth Branagh, con la modernidad videoclipera de Guy Ritchie. Parker se queda a medio camino y construye unos decorados gradiosos pero sin alma, para acto seguido, cuando no sabe que hacer con la cámara, torcerla en un plano aberrante "porque sí", o jugar con el montaje sin sentido.

No puedo estar de acuerdo con mi compañero Luis con respecto al acabado visual de la película. El trabajo de su director de fotografía, Roger Pratt me parece efectista y sin alma, y totalmente malogrado por la realización de Parker. Ambos dotan a "Dorian Gray" de un acabado digno de un caro telefilm de sobremesa.

Pero no todo en la película es malo. Además de una historia potente, la película cuenta con dos grandes actores capaces de levantar cualquier proyecto. Estoy hablando lógicamente de Ben Chaplin, en un corto pero intenso papel, y principalmente de Colin Firth, uno de los mejores actores británicos del cine actual, que sabe sacarle jugo a todo un caramelo de personaje, y hace que en momentos pienses si la película no debería llamarse "Henry Wotton" en lugar de "Dorian Gray". Firth es capaz de resistir incluso a un ridículo maquillaje, a la altura de unos efectos digitales de principiante, que hacen que nos demos cuenta de por qué en Europa estamos a años luz de EE.UU. en algunos aspectos técnicos. La presentación de ese Londres victoriano creado en 3D es simplemente vergonzante.

Puede que la película sea, en efecto, excesivamente literaria. Pero precisamente por eso, por el gran texto que tiene detrás, todos sus defectos pasan casi desapercibidos a un visionado sin demasiadas pretensiones. Porque Ben Barnes está muy falto de carisma para ser Dorian Gray. Porque Parker quiere ir de moderno pero no se atreve a mostrar el lado salvaje de Gray de forma cruda. Porque como he dicho, el aspecto visual de la película deja mucho que desear en todos los sentidos. Pero aún así, "Dorian Gray" es como el cuadro que da título a la novela: La historia en que se basa es bella e inmortal, pero cuando vemos la película que la retrata, más allá de esa belleza, esconde un sinfín de defectos.