«Two lovers»: o el amor bipolar

Presentada como una romántica historia de amor tortuoso, "Two lovers", esconde un profundo análisis sobre un individuo con un trastorno mental. Un relato coherente y responsable en el que se establece cómo el entorno familiar puede inclinar la balanza, a favor o en contra, de los impulsos del difícil enfermo bipolar.

El principio de "Two lovers" es contundente, no deja opción para dudas o sentimentalismos, la primera acción que vemos de Leonard (Joaquin Phoenix) es su intento de suicidio. Un intento no deliberado, sino improvisado. Cuando Leonard llega a su casa, que es la de sus padres, la reacción de sus progenitores reconoce al instante los indicios del suceso, sin embargo reaccionan con prudencia y sosiego. En ese momento sabremos que Leonrad es bipolar, algo de lo que no se volverá a mencionar ni a explicar, ni a razonar.

A partir de este momento comienzan a desarrollarse las dos historias a las que alude el título, dos mujeres se reparten a Leornard, una ocupará la razón la otra ocupará el corazón. La razón viene en forma de una morena de belleza serena, Sandra (Vinessa Shaw), que, apoyada por el entorno familiar ---el suyo y el de él---, ha forzado el encuentro con Leonard. El corazón llega en forma de rubia salvaje, Michelle (Gwyneth Paltrow), y de un encuentro fortuito, casual. Las circunstancias llevan a Leonard a ir sorteando encuentros con una y con otra, formalizando, casi involuntariamente, su relación con Sandra e intentando aprovechar el momento de flaqueza y debilidad de la relación que Michelle mantiene con un abogado casado (Elias Koteas).

Aunque entendamos la fascinación de Michelle sobre Leonard, cuanto más se empeña este en alcanzarla, más recomendable nos parece Sandra. Nunca sabremos hasta qué punto la manera en que rehuye Leonard las citas con Sandra se deba más a la aceptación abierta que su familia muestra por esta, como a que pueda gustarle más Michelle, pues el primer encuentro entre ambos no deja lugar a dudas en cuanto a la fascinación que siente por ella nada más verla. Pudiera ser que aproveche a Michelle para no claudicar a lo que parece que está convenido de antemano y lo que realmente al propio Leonard le gustaría acceder si no fuera porque le hiciera sentir manipulado y coartado. De hecho, el primer síntoma de este rechazo surge en el momento que Sandra hace evidente el pacto familiar inicial.

El filme de James Gray no es, definitivamente, una comedia romántica y cualquiera que entre a la sala equivocado por título y trailer, saldrá defraudado, porque "Two lovers" no hace concesiones, es un filme maduro y responsable y va dirigido a un público que no precisa de explicaciones ni sobre trastornos mentales ni sobre relaciones emocionales. No se ofrecen razones, ni se edulcoran momentos, ni se empobrece el relato con artificios sentimentales. Se asoman resquicios del pasado, se intuyen motivos, se encajan las piezas sólo en el momento preciso y necesario. Tampoco esto quiere decir que sea una obra excepcional, si acaso adolece de un mayor equilibrio entre el fondo y la forma porque, aunque el director se esfuerza en transmitir el tormento del protagonista en encuadres, ángulos y movimientos de cámara, en una fotografía realista y en la ausencia de una banda sonora ---aparte de la propia música y sonidos diegéticos---, en un discurso tan centrado en la historia que casi ni nos percatamos de en qué ciudad estamos.

Resalta en el reparto el magnífico trabajo de Joaquin Phoenix que no necesita hablar ni siquiera pensar, sólo con estar y mirar percibimos sus pensamientos, sus emociones, sus sentimientos. Es primordial la cálida y serena presencia de "Isabella Rossellini" en el difícil papel de la madre. Un perfil materno al que estamos poco acostumbrados pues no se trata de la "típica" madre posesiva, sino de una madre sensible que sabe mantener la distancia, aportando el cariño y la seguridad necesarias a un enfermo complicado e imprevisible que sólo necesita de un apoyo incondicional, sin presiones, para salir por sí mismo del pozo en que se encuentra. Igualmente apropiada y espléndida en su interpretación está Vinesa Shaw que sabe transmitir la misma seguridad cálida y distante que ofrece la madre de Leonard. Lo único que no entiendo es la presencia de Gwyneth Paltrow que ni vistiéndola de negro, ni iluminándola a contraluz, ni a cámara lenta puede dejar de parecer ñoña. Quizás habría resultado más coherente intercambiar los papeles de Paltrow y Shaw, pero tampoco creo que hubiera servido de mucho.

Me resulta imposible no aludir a una clara influencia, patente no sólo en la presencia del siempre estimulante Elias Koteas, actor fetiche del cineasta canadiense Atom Egoyan, quien nos tiene acostumbrados a brillantes filmes psicológicos y psicoanalíticos como "The adjuster". Igual que en el cine del canadiense, en la película de Gray se ofrece una cordial y respetuosa relación entre diferentes realidades sociales y culturales en las relaciones entre el musulmán padre de Leonard y las costumbres judías de la familia de Sandra, algo que se muestra con toda naturalidad en la película y que, indudablemente, realza ese comportamiento ejemplar entre padres e hijos.

Foto: IMPAWARDS