“The Men Who Stare At Goats”, otra manera de ver lo mismo

“The Men Who Stare at Goats” es una película interesante. No son muchas las veces que salgo de una sala de cine —en Argentina su estreno se retrasó hasta el 22 de abril— con una enseñanza que retumba oídos adentro mío: “Puedes pretender la invisibilidad, pero a veces debes quedarte en un nivel inferior, en un nivel en el que te mueves con disimulo y sin ser visto” —no es la anterior una cita textual del film, sino la moraleja que me acompañó al salir de la sala el pasado domingo y que hoy vuelvo a recordar.

Dirigido por Grant Heslov sobre el guión de Peter Straughan —y “ligeramente” adaptado de un libro de Jon Ronson, como rezan los créditos— el film sigue las peripecias de un entrañable periodista de nombre Bob Wilton —Ewan McGregor— a quien la mujer deja por su editor manco. A partir de este evento traumático —motor de la narración—, Bob se verá envuelto en un viaje a Irak en el que conocerá otro lado de la realidad —o por lo menos otra forma de ver lo mismo.

Jeff Bridges nos regala en “The Men Who Stare at Goats” un gran rol —en la línea de The Dude—: Bill Django, un tipo que organiza una suerte de fuerza militar hippie bajo la premisa de que la paz sólo es posible desde adentro de las fuerzas —las bases, los soldados mismos— y no desde las decisiones políticas que caen de mucho más arriba, donde todo parece más oscuro. En esta fuerza, y con el amor como bandera, se destacará Lyn Cassady, interpretado por un George Clooney en la mejor tradición de su experiencia Coen.

Es a través de Cassady —perteneciente al grupo autodenominado como “Jedi Warriors” por sus curiosas habilidades— que el personaje de McGregor —guiño por lo de “Jedi”— conoce la historia de esta Unidad de Elite y LSD en proporciones equivalentes. Completará el grupo de miitares hippies Kevin Spacey, quien da vida a Larry Hooper, alguien que no cree con el mismo fervor que el resto en el lema sesentista de “paz y amor”.

No quiero adelantarles mucho más de la película, sino que me limitaré a recomendarles ir a ver un film que propone otra mirada sobre la realidad, eso que cada uno de nosotros construye cada vez que se despierta de la cama sin proponérselo, como quien no quiere la cosa. Invisible o bien disimulada, “The Men Who Stare at Goats” nos invita a mirar una cabra a los ojos y preguntarnos por su realidad. Y por la nuestra, claro está. Por eso, se las recomiendo.

Foto: MyOnlyUniverse