«Crazy Heart»: Jeff Bridges demuestra sus capacidades actorales

"Crazy Heart", Dir. Scott Cooper, 2009

Una historia mil veces contada; pero es la interpretación lo que marca la diferencia. Jeff Bridges borda a este músico alcohólico complejo y conflictivo. Un personaje al que dota de ternura y comicidad. La cinta lleva un ritmo interesante logrado por la música y unos secundarios de lujo como Maggie Gyllenhaal, Robert Duvall y Collin Farrell ponen al resto de una buena película sin necesidad de un guión complicado. Técnicamente la película goza de buena factura y es agradable verla.

Dirigida por el debutante Scott Cooper, encontramos un ejercicio de sobriedad, una película casi crepuscular, que no se molesta en darnos respuestas al cómo ni al porqué, que "sólo" nos muestra una vida, agotada, a un ser humano, Bad Blake, un cantante de country que no pasa por su mejor momento y que ha sufrido golpes, a veces duros, otras no tanto, pero golpes. Y cuando se dan ciertas circunstancias decide cambiar, abrirse, enamorarse por última vez, sentar la cabeza, seguir adelante.

La cinta está bien desarrollada y el guión no es malo, pero hay que reconocer que todo esta muy visto ya. Por eso el punto fuerte está en la actuación de un Jeff Bridges colosal que logra emocionarte de principio a fin con esa voz desgarradora (las canciones de Bad Blake, son cantadas por él mismo).

Bridges canta, habla, susurra. Se mueve, se contonea, toca la guitarra. Te mira a los ojos, y con mucha verdad, con gran fuerza, es capaz de transmitir tristeza, dolor. Su vida de repente pasa a ser la de alguien cercano a tí, te invita a reflexionar, a pensar cómo podrías ayudarle. Incluso cuando ves que algo le va moderadamente bien, sabes que no va a durar.

Es un filme bastante profundo en su aspecto discursivo: el mostrar cómo un ser humano talentoso se hunde por causa del alcohol, el fracaso en el matrimonio, el no poder rehacer la vida sentimental y laboral ya que la imagen está deteriorada, el sentirse acorralado y sin salida.

Tampoco podemos olvidar a los secundarios del film, un Robert Duvall esplendoroso, inconmensurable en su vejez, y a Maggie Gyllenhaal increíble, al mismísimo nivel de estos grandes actores, sin bajar el nivel ni un ápice, al igual que Colin Farrell en un breve pero contundente papel.

Un film más que interesante, limitado por su propio concepto pero que merece la pena verse, disfrutarse y escucharse gracias a un grandioso Bridges, a un buen reparto y una música fantástica. Precioso film, y aunque ya visto en muchas ocasiones, no deja de tener alma, corazón, sentimientos y pasión.

Foto:The Movie DB