«Nine»: cómo hacer trivial una película gloriosa

Nine, Rob Marshall, 2009

"Nine" es la adaptación cinematográfica de un musical homónimo, representado con gran éxito en Broadway desde 1982, que a su vez se basó en "", la famosa película de Federico Fellini.

El principal inconveniente de lo nuevo de Rob Marshall, quien varios años después del éxito de "Chicago" repite en el género musical, es que la fuente original se trata de un film totalmente autoral, autorreferencial, autobiográfico y libre de cualquier atadura comercial. Y en este musical, vemos todo lo contrario.

Convertir en arte un problema, una confusión, una crisis existencial y personal. Ésa es la premisa y el resultado de "8½", la cual es una obra que adquiere verdadero sentido si se conoce la filmografía anterior de Fellini, y en la que el maestro italiano purgó públicamente sus agravios, miedos y frustraciones artísticas. Sabido esto, queda patente el nulo sentido de versionar un filme que únicamente cobraría pleno significado como proyecto íntimo y personal, en el ámbito de una trayectoria individual concreta e intransferible, tal y como sucedió con F. Fellini.

Las comparaciones con el "8½" pueden hacer que "Nine" salga mal parada. Un musical capitaneado por un director consagrado en el género, respaldado por un gran presupuesto, co-escrito por un aclamado -y malogrado- cineasta (Anthony Minghella), interpretado por un elenco que suscita todo tipo de envidias, y basado en una de las mayores obras de uno de los mayores realizadores de todos los tiempos, ¿tiene garantizado el éxito? Los números del box office americano, además de los premios otorgados hasta ahora nos dicen claramente que no.

"Nine" es el más claro ejemplo de que unos buenos ingredientes no siempre forman un excelente manjar. El arte de saber combinarlos es complejo y aquí a Marshall le ha costado mucho trabajo mezclar todo el talento femenino que se encuentra aquí reunido. Esta cinta es un desproporcionado musical que no consigue alzar el vuelo en ningún momento y esto se debe, sobre todo, a la falta de un guión carente de ritmo y una mezcla de estrellas que se opacan unas a otras sin resplandecer ninguna de ellas.

La grandilocuencia de Marshall siempre ha estado presente en su escasa filmografía, creer dando más de lo que en realidad nos presenta. Sus anteriores trabajos dejaron un sinsabor que aun hoy perdura, ni "Chicago" llegó a ser el musical soñado ni la adaptación de "Memoirs of a Geisha" desprendía la emoción requerida, pero desde luego su último trabajo está muy por debajo de ellas.

La música pensaba que iba a tener más calidad, pero sinceramente, solamente disfruté "Be Italian" la canción más famosa de la película cantada por Fergie, otra canción que no estuvo mal del todo fue la que cantaba Kate Hudson, o la del final de Marion Cotillard que resume en una sola canción la importancia de su personaje.

Quizás lo único bueno que le encuentro es que tiene un vestuario y una fotografía maravillosa. Algunas escenas son bonitas simplemente porque en el fondo se puede apreciar una magnifica Italia, pero esa es una de las pocas cosas positivas que se le puede sacar.

A destacar la actuación de Daniel Day Lewis y de Marion Cotillard, las demás féminas brillaron en ausencia.

Foto: Diario "D"