“Alice in Wonderland”, el Burton más bajo de la carrera del artista

Estoy enojado —y como con todo sentimiento visceral, quiero aprovecharlo—. Ayer vi “Alice in Wonderland”. Ya saben, la nueva película de Tim Burton. Sabía que el 3D no era gran cosa y que el CGI, según me comentara un amigo animador, dejaba mucho que desear. Sabía que la historia no tenía excelentes críticas ni mucho menos. Todo eso lo sabía pero —como siempre ocurre— una vez terminaron los avances de las películas por venir, todo se apagó: éramos Alicia y yo. ¿Y qué fue lo que siguió? Cuanto creía saber y dejé de lado para concentrarme en el film resultó un chiste benigno cuando menos: “Alice in Wonderland” es verdaderamente horrible —y no precisamente en términos burtonianos, se entiende.

Tim Burton ha logrado lo que pocos, eso lo sabemos. Su cine se ha constituido en firma, cerrando el círculo de un verdadero artista —cuando la rúbrica personal se hace estilo—. Que podamos decir “burtoniano” y saber a qué nos referimos es prueba definitiva de lo anterior. Y bien, “Alice in Wonderland” es la menos burtoniana de sus películas.

Quisiera comenzar con el CGI. Las animaciones de los personajes son pobres —cuánto mejor el aire artesanal de producciones anteriores de Burton—. No se salvan ni la oruga azul, ni el conejo blanco ni el gato sonriente —como desde Disney Latino llaman al “Cheshire Cat”—. Nada en el CGI parece burtoniano —tal vez, y sólo por momentos, la cabeza gigante de su mujer Helena Bonham Carter como Reina Roja, muy en la línea de los personajes conflictuados de su literatura, sí tenga cierto aire de familia.

Desde el punto de vista del guión, hace mucho que no veo algo tan pobre. El desarrollo de las líneas de fuerza narrativas de cada personaje es paupérrimo: sólo por dar un ejemplo —y evitar el spoiler— tendremos a un sabueso que acepta buscar a Alicia por miedo a que le hagan algo a su familia y después la ayudará sin más, en una contradicción flagrante al interior de la historia.

Pero no sólo pobre sera la psicología de los personajes y su animación, sino que los diálogos tampoco acompañarán —la película no me hizo ni reir ni pensar, dos atributos que destaco particularmente en el arte—. ¿Y qué me dicen de los fallos de verosímil? Veamos, la Sota le roba el Compendium al grupo de Alicia para luego dárselo a la Reina Roja. Más adelante en la película, la Reina Blanca tendrá el Compendium en su corte, así como así. Pero ¿no se lo había llevado la Sota a la Reina Roja? ¿En qué quedamos?

Seguramente no quedemos en nada. Porque Alicia es la menos burtoniana de las películas de Burton, la prueba de que hasta el bueno de Tim puede realizar un pobrísimo film que, puesto en relación con el resto de su obra, demuestra que la distancia entre los puntos más altos y más bajos de la carrera de un artista puede ser medida en miles y miles de años luz.

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