En “Daybreakers” los vampiros son multitud

El film “Daybreakers” me sorprendió gratamente. Escrita y dirigida por Michael y Peter Spierig, la película protagonizada por Ethan Hawke plantea un universo interesante: a excepción del cinco por ciento de la población mundial —todavía no contagiada o reacia a la conversión— todo el resto son vampiros. Dada vuelta la realidad de otros productos culturales como “True Blood”excelente serie donde los chupasangres son minoría—, aquí el problema es similar —encontrar sangre sintética— aunque con un cambio de signo —intereses de una multinacional donde extraen sangre a los pocos seres humanos que quedan, del mismo modo que en los tambos se les saca la leche a las vacas para venderla en el mercado.

Así las cosas, y repleta de clichés del género —ahora más de moda que nunca—, “Daybreakers” produce un corrimiento en el sentido muy interesante: no habla de vampiros y humanos solamente, ni siquiera de una lucha sin cuartel interracial o de planes maquiavélicos de empresarios que en otras películas recorrían un parque de diversiones cuya mayor atracción eran lagartos anacrónicos —Sam Neill—, no. “Daybreakers” habla mejor del proceso de viralización y es allí donde el relato funciona perfecto.

La progresión geométrica es un elemento central para el desarrollo de una trama empapada en sangre que despierta los más bajos instintos de los draculines. Pero no diré más porque corro el riesgo de entrar en el campo del SPOILER y quitarles el placer de entretenerse con la cinta de “los colmillos son multitud”. En cuanto a las actuaciones, lo de Ethan Hawke es parecido a lo que realizó en “Gattaca“, convence. Lo de Sam Neill es un poco más flojo, claro que allí la cara de bueno de Sam atenta contra el papel que le han encomendado —eso y la definición de un personaje que no resulta convincente en algunos pasajes del film.

Para destacar algunas escenas gore bien distribuidas, giros interesantes en la historia —como el canibalismo entre vampiros que degrada la “raza”— y unos paralelismos que no parecen sino chistes para que no nos tomemos demasiado en serio una trama que funciona muy bien cuando habla de otra cosa —el hecho de que Ethan Hawke se encierre en una bodega donde se fabrica vino no es sino un enorme guiño a la simbología de la sangre según se la lee en la cultura occidental.

En conclusión, una película entretenida de vampiros que plantea una mirada para tener en cuenta sobre la viralización. Porque el film de Michael y Peter Spierig, además de hacernos pasar un buen rato con el mundo de los vampiros, nos deja pensando en otras cosas y allí perdura más allá del entretenimieto y la diversión.

Foto: AllMoviePhoto