El maravilloso arte de criticar el cine

Ser crítico de cine no es tarea fácil

Hace unos días, no podía definir a la gente que me preguntaba lo que es querer ser un crítico de cine, pero sin embargo, el poder estar escribiendo para ustedes me dio las bases para definirlo. Porque ser crítico de cine es un trabajo tan interesante como ser abogado, doctor o arquitecto.

Critico de cine es aquel individuo al que le pagan por hacer algo que podría hacer cualquier persona: ir a ver una película.

Lo que entendemos por actitud crítica por el resultado al que esta disciplina debe aspirar. Esta puesta se impone tanto más cuanto siguen apareciendo confusiones, dialécticas o meras opiniones que carecen del sustento mínimo como para poder profesar una inteligibilidad más allá de lo aparente. La alarmante superficialidad de nuestra época se percibe en todas las disciplinas, en todos los frentes.

Obviamente la crítica de cine no escapa a estas reflexiones. Peor aún, dada la naturaleza popular y abierta del cine, la crisis se potencia. La crítica de cine está sumida en una oscuridad que cualquier consideración pertinente a metodología, pensamiento reflexivo o relacional, se toma como extraña, inoportuna y hasta fuera de lugar.

La crítica se ha convertido en una excentricidad y, ese estar fuera del centro, la convierte en exclusión del sistema de consumo. Dado este estado de cosas es inminente una reflexión profunda, un pedido de transformación de la situación actual que aproveche este elemento reinante y destructor, y construya desde su posición excéntrica, marginal, un espacio intelectual propio, rico, robusto, que la lleve, en su dimensión intelectual, ética, filosófica y religiosa, de regreso hacia el centro del mundo.

La crítica de cine, como toda disciplina intelectual, conlleva un enorme esfuerzo. Se debe estudiar, leer, escribir, reescribir; ver y mirar una y otra vez los clásicos, lo contemporáneo; establecer una metodología, un camino a seguir hacia la construcción de una posición teórica. Establecida dicha posición, podremos construir la visión necesaria para juzgar, concepto por concepto, lo establecido.

El crítico debe ser un especialista en el reconocimiento de los elementos con que pueda construir los elementos de su juicio de valor. Por eso toda crítica de cine debe nacer de un análisis de la puesta en escena. Si esto se omite, la crítica no tiene justificación, no propone demostración, se pierde en percepciones injustificadas, tornándose sentimental e inoperante.

El crítico trabaja con lo hecho para ordenar el hacer y exponerlo para la inteligibilidad de aquello que en el acto de hacer, lo hecho ha ocultado. Desarrollar esta suerte de hermenéutica es el fundamento esencial de la crítica. Lo que el director propone intuitivamente, el crítico lo descifra cerebralmente. Si fuese al revés no habría arte. Visto así, el trabajo del crítico es completar el trabajo del director, trabajar sintéticamente, recordando, relacionando, simbolizando. Cuanto más incomprensible le resulta al crítico saber que está viendo, mejor será su tarea y mejor será la obra del director.

Para decirlo de otra manera: el arte es la condescendencia del espíritu y la crítica es el resultado de la compasión del creador. Escribir, ejercer la crítica, son disciplinas para entender el cine. Todo film exige una explicación. Toda crítica es un ejercicio literario que debe tender a un lenguaje simbólico, cuyo contenido debe sentar las bases para la trascendencia del objeto que la originó.