«Avatar», aventura en estado puro

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Cuando el pasado verano tuve la oportunidad de ver los 15 minutos de Avatar con los que James Cameron quería abrirnos el apetito, salí del cine con la sensación de que "Avatar" iba a ser algo visualmente sobrecogedor, pero que ni de lejos suponía la gran renovación que Cameron prometía.

Pero luego tras su pase de prensa al que algunos afortunados como mi compañero Roberto pudieron asistir, empecé a leer críticas favorables, y de nuevo empezó a picarme el gusanillo.
Hoy por fin he viso Avatar y he de reconocer, que pese a mis reticencias iniciales, Cameron ha montado un universo único, apabullante y, si, visualmente innovador.

Es ésta sin duda la mayor virtud de Avatar: Una imaginería visual única, que no se parece a nada que hayamos visto antes. Si a toda la creación de éste universo unimos una historia sencilla y mil veces contada, pero que precisamente gracias a eso hace que te metas en ese universo más rápidamente, el resultado es casi tres horas de aventura en estado puro.

No es una película con un guión redondo, ni con tramas complejas, ni con personajes complicados. De hecho la estructura de la película es de lo más clásica y el elenco está lleno de personajes estereotipados. Si, los buenos son muy buenos y los malos muy malos. La historia es previsible, y sus referentes (de Pocahontas a Bailando con Lobos) están muy claros. Pero pese a todo ello la película consigue lo que debería ser el objetivo de todo el cine: Emocionar.

Avatar tiene un mensaje demasiado evidente, con múltiples significados: Desde la colonización de los nativos americanos a cualquier conflicto en el que se haya involucrado el ejercito yanki: desde Vietnam a Irak o Afganistán. Cameron parece querer hacer ver a la sociedad americana que nunca aprende de sus propios errores. Pero incluso con un mensaje tan manido, James Cameron sabe como hacer que el mensaje entre. El paralelismo con Ágora es evidente: ambas películas pretenden lanzar un mensaje demasiado claro. Pero todo lo que en la película de Amenábar era aburrimiento y falta de emociones, aquí es acción, aventura, y una total y sorprendente empatía con unos bichejos azules.

No es, ni de lejos la gran transformadora del cine que se nos prometió, y el uso del 3D para mi no deja de ser un artificio más para evitar la piratería que no termina de convencerme. Pero no por eso deja de ser una gran película, una épica que demuestra que para crear un universo único en el que introducir al espectador, no hace falta hacer algo como ese muermo sobrevalorado que es "El señor de los anillos".

Y si a todo esto añadimos una campaña de publicidad mastodónica, el resultado es el que he podido vivir yo: Un lleno absoluto de la sala un domingo a las tres de la tarde. Lástima de que el guión no esté a la altura del resto de la película, porque entonces hubiera sido algo histórico. Avatar no va a cambiar la forma de hacer cine, y no es la mejor película del año, pero algo si está claro: Ver Avatar en una sala de cine es una experiencia única.

Foto: Peru.com