The Box, la Divina Comedia de Richard Kelly

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No te dejes engañar, The Box es puro Richard Kelly. El director de Donnie Darko y Southland Tales no se deja domesticar, por más que tu ciudad esté empapelada con el rostro de Cameron Diaz. Merecería la pena grabar la reacción del público en cualquier pase de este último fin de semana (Las de Paranormal Activity, a su lado, deben parecer una broma).

Tampoco hagas demasiado caso si alguien te comenta que no es más que un capítulo de The Twilight Zone estirado hasta rozar la frontera de las dos horas. Una vez más, te lo recuerdo, estamos hablando de Richard Kelly, y no tardarás en darte cuenta de ello. La pulsión metafísica, el humor grotesco y absurdo de Daniel Clowes, la odisea kafkiana, Lynch. Kelly extiende su sombra sobre todo el metraje, convulsionando al espectador, extenuándole.

The Box, en cierto sentido, se podría entender como su cinta más arriesgada. Su humor soterrado (sutil, si lo comparamos con el de Southland Tales), aparece enterrado bajo una capa quebradiza de intenciones confusas. Los diálogos, ajenos a la vergüenza ajena, están poblados de declaraciones a tumba abierta que, sin embargo, nunca llegan a resultar banales. Su mayor pecado, tal vez junto con cierta sobreexplicación, es la aridez del tramo medio, un periodo estéril que incita al aburrimiento y que, lamentablemente, coincide con el momento en el que Kelly comienza a desenvolver a su criatura.

The box, en definitiva, es una cinta irregular, capaz de exasperar y deslumbrar a lo largo de sus casi dos horas de duración. Sus pretensiones mesiánicas, aunque insatisfechas, empapan a la cinta de potencial que se calará hasta los huesos del espectador más vulnerable al discurso de Kelly. Seguramente no habrá muchos, pero los habrá.

Foto: Collider