«Breve encuentro»: trenes, amor y encrucijadas

Breve Encuentro de David Lean

Las estaciones de tren son un lugar casi mágico de llegadas y despedidas. "Breve Encuentro" ha grabado en nuestra memoria colectiva una sensación en torno a éstas que quizá sólo puede describirse con la música que acompaña la primera escena en la que los trenes llegan y se marchan, ordenadamente, en inexorable orden.

Ella toma el tren todos los jueves. Ella está casada, tiene hijos, es feliz. Pero un día la casualidad hará que conozca a alguien, también feliz, un hombre casado. Y entonces todo parece demasiado natural, inevitable, como la llegada de una gigantesca locomotora.

La gran película de David Lean es de 1945, filmada todavía con el miedo a un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial. Fue criticada por tocar con cierta benevolencia el adulterio pero su poder trascendió, no sólo por su excelente realización sino porque quizá, nos hablaba ya de una realidad muy humana: la de replantearse la vida y romper, casi sin quererlo, con lo establecido. Su belleza visual y la música (Concierto para piano en do menor, 2º movimiento, opus 18, de Rachmaninoff) la hacen un verdadero clásico, llena de emotividad y pasión. No se engañen, no estamos ante una película con happy ending sino de algo completamente romántico, en el sentido estricto.

Es una cinta muy teatral, no sólo por tratarse de una adaptación de una obra del dramaturgo Noel Coward, quien trabajó junto con Lean para la película. Pero información sobre Breve Encuentro hay mucha, ha sido estudiada y parafaseada hasta el cansancio y ello no puede explicar su maravillosa fuerza. Simplemente hay que verla, dejarnos llevar por el vértigoo y comprender su actualidad porque, no sólo se trata de la violenta intromisión del amor a la vida humana, sino sobre tomar riesgos y cómo las normas sociales e incluso la comodidad pueden disfrazarse de felicidad.

Es mi definitiva recomendación para este fin de semana o para una tarde-noche en la que nos hagan falta transformaciones, inicios o simplemente queramos sumergirnos en una de esas historias que nos avisan que el amor no siempre cabe en nuesta sociedad. De verdad muy buena, como tomar un tren.

Foto: EtCetera Issue 483