«Tetro», la pantomima de Coppola

tetro

Algunos considerarán que decir que no te ha gustado una película de Francis Ford Coppola es un auténtico sacrilegio. Lo sé, pero no puedo evitar decir eso sobre su último trabajo. Si hace falta, entono el mea culpa, pero es así. Y es que "Tetro" no sólo no me convenció, sino que se me hizo larga, incluso pesada. La idea de experimentar y darle la vuelta a los códigos cinematográficos está muy bien. Si nadie se atreviese a innovar, el cine no avanzaría, pero creo que esas innovaciones deben ir en beneficio de la historia, sino, algo chirría. El principal problema de "Tetro" es que busca en exceso la perfección. Sí, puede ser un defecto. Tan pendiente ha estado Coppola de que todo sea perfecto en cada plano, en cada escena, en cada secuencia, que no se ha dado cuenta de lo forzado que resulta todo.

La historia es la de Tetro, el hijo renegado de un famoso director de orquesta que se esconde de su familia en Buenos Aires. Pero su hermano lo encuentra y le hace volver a una realidad familiar que no le gusta. La película tiene complejo de margarita y los protagonistas la van deshojando poco a poco hasta que el terrible secreto que esconde la familia Tetrocini queda al descubierto. Tetro es Vicente Gallo, que se pasea perdido por un mundo que le ha traicionado y al que sólo Maribel Verdú parece conectarle con la realidad. No está mal el desconocido Alden Ehrenreich como Bennie, el hermano pequeño del torturado Tetro. Y tampoco desmerece la aparición de Carmen Maura, cuyo papel podría haber dado bastante más de sí.

Una pena que la obsesión del maestro Coppola por el experimento y por buscar la perfección haya acabado en una pantomima. No importa, Coppola es Coppola y se le perdona prácticamente todo. Al fin y al cabo, la obra de su vida ya la hizo. Y siempre nos quedará volver a ver "El Padrino".

Foto: OutNow