Ángeles y Demonios, otra tomadura de pelo

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Era previsible, sobre todo habiendo visto previamente El Código Da Vinci, pero cualquier espectador con buena voluntad siempre tiende a pensar que está bien eso de dar segundas oportunidades. Un error, se mire por donde se mire, cuando de por medio anda metido Dan Brown. Y es que si la primera aventura cinematográfica del profesor Robert Langdon (Tom Hanks) parecía una tomadura de pelo históricamente hablando, la segunda (Ángeles y Demonios) no se queda atrás.

Con la Iglesia (otra vez) como centro de las críticas y de la polémica, este best seler del comercial Brown cuenta como El Vaticano se ve asediado por una conspiración de Illuminati que quieren vengar la ofensa sufrida hace siglos. Para evitarlo, la Santa Sede, embarcada en un reñido cónclave, llama al profesor Langdon para que resuelva el misterio antes de que la preciada basílica de San Pedro vuele por los aires. Entre medias de iluminados y catedráticos, algunos actores italianos ad hoc para la ocasión y un Ewan McGregor como Camarlengo con complejo de Ozymandias.

El argumento peca de increíble. Un pecado que sería venial de no ser por el empeño de Dan Brown en disfrazar de histórica una novela que no lo es. Ése es el error de la película, que se intenta dar como cierto algo que, aunque es evidente que tiene su parte de verdad, no se sostiene. Pero si el espectador es capaz de aparcar a un lado sus prejuicios acerca de la trama, disfrutará de una película bien hecha, que mantiene el ritmo a base de escenas de acción muy trabajadas y misterios que no lo están tanto.

El final es previsible casi desde el principio, pero aún así hay que reconocerle a Ron Howard, director de Ángeles y Demonios, que su película está bien hecha. Aunque la historia no haya quién se la trague. Como tampoco que los protagonistas sean capaces de llegar del Panteón a la Piazza del Popolo en menos de cuatro minutos. No hay más que echar un vistazo a Google Maps para comprobar que es imposible. Eso sí, Howard y su equipo han superado con creces el reto de recrear todos aquellos escenarios sagrados en los que el poderoso Vaticano les prohibió entrar. Un 10 en decorados, localizaciones y efectos especiales (el mini big bang que se montan sobre la plaza de San Pedro no tiene desperdicio). Un 10 también para la dirección. Un notable alto para los actores. Y, qué lástima, un 4 para la historia.

Fotos: Sony Pictures.