‘Slumdog Millionaire’, de cero a héroe by Danny Boyle

el buen rollo de la década, dicen

Es, sin ningún tipo de duda, la película del 2008. La película que une a crítica y público en su entusiasmo, y que se ha convertido en la pieza clave de todo palmarés que se precie en la temporada de premios. Muchos no daban un céntimo por lo último de Danny Boyle, pero aún así ahí está, en la cumbre. Muchos se preguntan cómo lo ha conseguido... ¿Se lo ha currado? ¿Lo han colado? ¿Ha sido suerte? ¿O quizás es el destino?

Jamal K. Malik es un don nadie, un ladronzuelo de poca monta y tres cuartos procedente de los barrios más bajos y marginales de Bombai que con 18 años se ha colado en la final de la versión india del concurso televisivo Quién quiere ser millonario (o 50x15 , depende del país). Los responsables del concurso no se explican cómo ha conseguido, acierto tras acierto, llegar hasta donde está, y sospechan de algún trapo sucio en el asunto, ¿o quizás sea cosa del destino?


Danny Boyle tiene una filmografía intachable. No es que se haya dedicado al cine de glamour y academicismo. No, el cine al que él es devoto es al cine que él cree. Su impronta se deja ver de forma patente en todas las cintas que dirige, y todas ellas serían extremadamente diferentes en manos de cualquier otro director. Su cine es descarado, fresco, ágil, colorista, forzado sin ser maniqueo, romántico y violento. Siguiendo esas trazas no le ha hecho ascos a ningún género, fuese terror, comedia, sci-fi o infantil, siendo de hecho la mezcolanza de ellos uno de sus fuertes. Porque en cada película de Boyle conviven dos cintas.

postalica de chico cagando

Si en Sunshine teníamos una cinta de ciencia-ficción que a medio camino se convertía en una slasher-movie en el espacio, en Millones teníamos una comedia fantástica bastante macarra que se transformaba en un dulce cuento infantil o en 28 Días después una de zombies que se transformaba en una de acción militar. Esos quiebros narrativos son tan marca de la casa como los ángulos exagerados, los primeros planos imposibles o fastuosos planos generales coloristas sin dejar de ser realistas, gracias eso sí a la labor de los fantásticos directores de fotografía con los que trabaja el realizador. Eso es un pro o un contra según gustos, pero es bien cierto que Boyle es fiel a sí mismo en cada uno de los puntos de su decálogo.

En Slumdog Millionaire, historia adaptada de la novela Q&A de Vikas Swarup, tenemos un cuento de tintes dickensianos sobre la infancia interrumpida y la consecución del amor como elemento redentor en la vida. Con ese mismo punto de inflexión a la mitad de la cinta que marca el tránsito de la niñez a la abrupta vida adulta, tenemos una cinta en la que, pese a todo lo malo, a toda la oscuridad que se nos presenta en el mundo, las buenas intenciones y los buenos sentimientos son los que verdaderamente triunfan. Es decir, un mensaje tan netamente hollywoodiense que se confunde por méritos propios en una esencia puramente bollywoodiense. Es una mezcla tan perfecta que no sorprende que arrase como lo hace.

Y decimos bollywoodiense no porque sea teatral, que no lo es, ni musical, que tampoco (por mucho que se les escape un número musical, increíblemente pegadizo, en los títulos de crédito del final), sino por ese buen rollo general que desprende, por esa intención genuina de superación de la adversidad y colorido frente a los grises de la vida. No es que la historia sea increíblemente original pues, sino muy bien contada. El guión es excelente por su planificación y desarrollo, con una estructura férrea y diálogos ágiles, sobreponiéndose a todos los lugares comunes por los que pueda transitar.

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Como contra, la labor de los actores, aunque entregada a la empresa, resulta poco creíble en algunos casos, con especial perjuicio en el caso del hermano del protagonista ya crecido, o el capo mafioso villano de la historia. Aunque la proeza de Boyle y su equipo técnico es hacer de esa pequeña odisea humana un espectáculo tan grande y abarcable a su vez, que todas las nimiedades se quedan por el camino.

Así pues, Boyle se consagra oficialmente, puesto que extraoficialmente ya era uno autor de los grandes para nosotros desde hacía mucho tiempo, como un director personal e intransferible, pasional y particular, que hace un cine que muy posiblemente sea considerado en el futuro como clave para entender el cine del nuevo siglo.

Slumdog Millionaire debe amarse tanto por sus virtudes como sus defectos, por mucho que sufra de cierto hype propio de los premios que atesora. Es vibrante, tierna e inocente sin dejar de ser cruda y realista... es terriblemente humana, un cuento imperecedero sobre lo que merece la pena ser en la vida.

PUNTUACIÓN: 8.5 / 10

LO MEJOR: es puro Danny Boyle, aunque haya sido ayudada en las labores de dirección por la realizadora india Loveleen Tandan como enlace cultural.

LO PEOR: algunos actores son demasiado amateur en su resultado final.

EL MOMENTO: el final, por supuesto. Un festín para los sentidos.