‘Towelhead’, prejuicios de suburbio

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Alan Ball es una de esas voces distintivas que, hagan televisión o cine, sigue unas marcas perfectamente reconocibles, unos temas recurrentes que, sin viciarlos por la unilateralidad de una visión estandarizada, ofrece interesantes reflexiones sobre la sociedad moderna y la condición humana. Prueba de ello es su guión de American Beauty y sus dos series hasta la fecha: A dos metros bajo tierra, considerada una institución en sí misma, y True Blood, una atípica visión del género vampírico.

En Towelhead, que significaría algo así como cabeza de turbante, y que recibe el nombre alternativo en Estados Unidos de Nothing is Private, nada es privado, nos cuenta otra historia mínima de suburbios, en la que la joven Jazira, una chica de 13 de ascendencia árabe, luchará por descubrir su sexualidad a pesar de sus padres, de edad mental menor a la suya propia, y un peculiar vecindario comandado por el pedófilo de su vecino.


A pesar de la mezcla explosiva que supone esta sinopsis, Towelhead, escrita por el propio Ball adaptada de la novela de Alicia Erian y que constituye el debut en la dirección del largo por parte del guionista, es una apuesta firme y contundente por la libertad y la reafirmación personal por contra de toda restricción religioso-dogmática, de todo prejuicio social, de su importancia y de los peligros que eso conlleva según se realice.

eres demasiado casquirruela pa tu edá, ay morena

Si bien la cinta es netamente material made in Alan Ball, es decir, habla sobre prejuicios, sexo, incompresión e incomunicación en dosis de drama urbano pequeño, tiene grandes momentos y un reparto entregado, no termina de ser arrebatadora, y debemos preguntarnos el porqué. La escritura es correcta, dentro de lo irreverente de su autor, la dirección es correcta también, no es arriesgada ni forzada sino natural, está montada con ajuste... en definitiva es esa corrección, esa autocontención, contraria a aquello que propugna, lo que supone una leve lacra para la cinta. Es potente en fondo cuando en forma es contenida, y eso quizás resulta en quedarse a medio gas.

De cualquier forma es graciosamente dramática, y tristemente cómica a la vez. Es un grito contra la necedad, pero no a cualquier precio. Por la aceptación de las consecuencias sobre nuestras acciones diarias con los demás y los precios a nivel humano que debemos pagar por equivocarnos. Sobre cómo nos tratamos a nivel intimo desde un punto de vista social. Y sólo por eso, por la honestidad de su discurso y lo necesario de su mensaje dentro del seno conservadurista americano, merece mucho la pena.

PUNTUACIÓN: 7 /10

LO MEJOR: Es una cinta de compromiso social sin caer en el dogmatismo que critica.

LO PEOR: Su contención formal.

EL MOMENTO: Jazira frotándose las piernas y soñando con sesiones de fotos en campos de golf.