‘The Searchers’ – Vagando entre los vientos (II)

No deja de tener su coña que aunque fue Martin quien dejó tirada, literalmente, a Laurie Jorgensen, esté más que dispuesto a darse de puñetazos con su prometido, Charlie. Y más coña aún que le ayude a quitarse su traje de novio, en teoría para no mancharlo, y luego se lance a por Charlie, tirándole contra su chaqueta nueva y rodando ambos por el suelo, llenándose todo de polvo del desierto. Pero sobre todo la cara de Laurie, vestida de novia, encantada con el panorama de dos tiarrones peleándose a mordiscos por ella.

Como ya dijimos en la entrada del pasado martes, Ford sabe que el espectador necesita un paréntesis para retomar fuerzas. Es la película, sin ningún género de dudas, más violenta y oscura del director de origen irlandés. Por supuesto tenemos también el carácter eminentemente circular de este relato (un detalle: por dos veces Martin termina derribado contra el banco de la cocina, tirándolo a su vez).

Con la boda cancelada, se pasa a cuestiones más importantes, como la acusación de asesinato contra Ethan y Martin (los disparos por la espalda a Futterman y sus compadres). Es muy interesante que Martin, en un acto de rebeldía impropio en él al principio de la historia, se niega a ir a Austin a que presenten cargos contra ellos. Es la primera violación (¿habrá más en un futuro?) a las normas, tal como Ethan viene haciendo toda la película. También explica cuánto ha cambiado Martin.

Pero el juicio tendrá que esperar, pues de la forma más natural posible, el curso de los acontecimientos se precipita a toda velocidad: un soldado de la caballería llega a casa d los Jorgensen (tremendo el chiste privado en el que pregunta por el capitán Clayton, creyendo que es Ethan, por sus colores, a lo que Ethan responde señalando al propio Clayton con sorna, recordemos que ambos fueron confederados). Ambos, Ethan y Clayton, se lo pasan en grande vacilando al joven soldado, que resulta ser el hijo de un coronel.

La caballería yankee tiene informaciones de que Scar no anda lejos. Es decir, tanto buscarle y cuando por fin regresan le tienen al lado de casa. Esto refuerza mucho el sentido de esta película como tragedia clásica. En la tragedia clasica el viaje del héroe es lo importante, no la consecución del éxito. En muchas de ellas (recordemos el vellocino de oro de Jasón) el héroe termina encontrando muy fácilmente lo que busca, pero después de años de fatigas que le han convertido en eso, un héroe. Carácter circular que aquí se ve pervertido en la figura de Ethan y magnificado en el caso del verdadero héroe, que no es otro que el noble y recto Martin.

Los soldados han encontrado a ese personaje fundamental que es Moss. Es él el que fue prisionero de los comanches, se fugó y fue encontrado por la caballería. Sabe dónde está Scar, y con sus incoherentes frases lo deja claro. Pero no quiere decírselo a Ethan, a quien saca la lengua, sino a Martin. Siete dedos. La información no podía ser simple, pues esto abarataría el alcance trágico. nadie sabe lo que es siete dedos. Pero Martin, pensando, da con ello: es la expresión en Caddo que designa el lugar donde se juntan todos los pasos bajo el Malapai, los Siete Dedos del Brazos. Una vez más demuestra que él es el verdadero artífice de la búsqueda de Debbie.

De modo que salen hacia allí al momento. Es impagable el plano, muy breve pero esencial, en el que Ethan recoge su revólver, bajo la atenta mirada de un asustado Martin. Hay que fijarse un poco: sabe que va a ir a por ella, y piensa estar preparado. Todo se acaba: Laurie le pide que no vaya, que la abandone de una vez, que Debbie no son más que despojos blancos...Es terrible, porque además le asegura que Martha le habría permitido a Ethan matar a Debbie. Pero Martin está más allá de todo eso, si hace falta pasará por encima de su cadáver.

Entre el murmullo del viento, se oyen ladridos y aullidos muy parecidos a los que se oían cuando el ataque a los Edwards. Pero es la venganza blanca (de la venganza comanche de que ocupen sus tierras...) en un ataque nocturno por sorpresa. Hasta Ethan, gran maestro de la cultura comanche, se comunica imitando a las aves con sus compañeros. La circularidad no tiene fin. Un plano opuesto de Clayton se inserta como otro falso punto de vista de Ethan (ya he perdido la cuenta de cuántos planos subjetivos falsos hay en la película).

Martin no piensa dejar que ataquen sin sacar antes en solitario a Debbie del campamento comanche, pues sabe que la matarán antes que dejar que se la lleven. Ethan intenta impedírselo contándole que una de las cabelleras de la tienda de Scar era de la propia madre de Martin. Pero a Martin le da igual, con un tesón irreprimible piensa ir aún sin la aprobación de sus compañeros. Gracias a su piel oscura confía en pasar desapercibido si es visto en plena noche y sin camisa. Encuentra a Debbie (que se pega un buen susto) y esta vez ella accede a irse con él, pero Scar les sorprende y Martin le mata con su revólver.

Comienza el ataque. Sorprende la velocidad de la cámara durante esta breve secuencia. Las tomas se lograron gracias a que la cámara iba sobre una camioneta a más de cien por hora, y resultan espectaculares. Ethan pronto encuentra el cadáver de Scar y, cómo no, le arranca la cabellera... El ataque continúa, con los comanches siendo diezmados (esta secuencia desagradará a muchos sensibles respecto al genocidio de la cultura sioux, entre los que me hallo, pero no creo que los blancos queden muy bien parados en ella). Ethan ve a Debbie y en medio del fragor cabalga a a por ella. Martin intenta impedírselo a pie, sin éxito.

No se sabe muy bien por qué en el último momento Ethan le perdona la vida a Debbie, si bien repite el mismo gesto que hizo al principio de la película, levantándola como si fuera de aire. Quizá vea en ella a la hija secreta de la mujer que amó antes de que la violencia y el odio arrasaran sus vidas. O quizá que nunca quiso matarla, sólo tener un motivo para viajar y huir. En cualquier caso la entrega de nuevo a un seno blanco, donde se supoe será reinsertada a esta cultura. Culmina así el relato, con Ethan en la puerta. Se repite el primer plano de la película. Por ella entran también, ya por fin pareja, Martin y Laurie. Ethan queda fuera. Se toca el brazo. Se aleja caminando entre los vientos. Él, en una de sus numerosas violaciones de lo sagrado, disparó a los ojos de un indio por odio. Sabía que según las creencias del indio, sin ojos vagaría eternamente entre los vientos. Maldito como está por su odio, a pesar de su decisión final, parece que es ahora él el que se ve destinado a caminar por siempre entre los vientos.

He visto esta película muchas veces, pero ahora que por fin la he analizado desde el principio hasta el final, creo que empiezo a entenderla. Sólo un poco. Ahí queda como una de las más bellas y profundas películas que se han hecho. En ella, el misterio del destino, del camino interminable del hombre en busca de su corazón y su alma, la eterna y atormentada lucha interior del hombre consigo mismo, se narra con una nitidez apasionante. Si no fuera por su vasta melancolía, por su violencia y su oscuridad, la emotividad de sus imágenes no sería tan verdadera.