‘Entrevista con el vampiro’ – Sublime Cruise

En muchas ocasiones parece que tienen que pasar algo así como dos o tres décadas para saber apreciar según qué cosas, y de pronto lo que antes muchos despreciaban como una película más, resurge como una película valiosa, portadora de detalles que la destacan por encima de otras que quizá en su momento fueron sobrevaloradas. Es verdad que el mejor crítico es el tiempo.

No, tranquis. No voy a decir ahora que Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) es una obra maestra incomparable y extraordinaria. No lo es. Pero sí me gustaría hablar de ella como una película notable, con sus luces y sus sombras, y que cuenta con la que es, de muy lejos, la mejor interpretación de la carrera del polémico y tan atacado Tom Cruise. 14 años después, con la forma en que se ha devaluado su nombre, ahí ha quedado su performance del vampiro Lestat.

En 1994 llegaba la adaptación de la más famosa novela de vampiros del siglo XX. Anne Rice inició una serie de volúmenes, con el sobrenombre de Crónicas Vampíricas, que contaba las andanzas de docenas de vampiros con personalidades complejas. Su creación más amada, y probablemente también la más conseguida e interesante, fue la del rubio travieso Lestat de Lioncourt, un inmortal francés absolutamente amoral, con un carácter imprevisible, sensual y feroz. A medida que sus novelas se iban convirtiendo en algo importante, muchos se preguntaban quién podría interpretarle en la inevitable adaptación.

En 1994 Tom Cruise se encontraba en los primeros años de su fama mundial, quizá los mejores de su vida. Por eso sorprende aún más que aceptara a interpretar un papel tan difícil y políticamente incorrecto, tan morboso y oscuro. Poco parecían afectar a su imagen los fracasos de Days of Thunder (Scott, 1990) o Far and Away (Howard, 1992), pues ya había avisado de que podían ser un gran actor con Born in the Fourth of July (Stone, 1989). Su carisma por aquel entonces era irresistible.

Cuando Anne Rice supo que sería Cruise el que encarnaría a su más querida creación, montó en cólera y compró una página de un conocido periódico de tirada nacional para protestar, escéptica de que pudiera hacer un buen trabajo. Después de ver el resultado compró página y media para pedir perdón y deshacerse en elogios. No se sabe si las dudas de Rice sirvieron de acicate a Cruise, pero lo cierto es que su trabajo en la película es impecable, y se come con patatas a los blandos Brad Pitt (que por entonces aún tenía mucho que aprender, aunque ahora sea un actor muy sólido), Christian Slater (en picado después de unos inicios prometedores) o Antonio Banderas (poco creíble y forzado).

La única que resiste un tú a tú con Cruise es la jovencísima Kirsten Dunst en un papel tan difícil como el del rubiales asesino. Sus escenas juntos son muy de lejos lo mejor de esta película, que goza de un formulación plástica muy notable, de una decadencia y colorimetría muy trabajada. El diseño de producción de Dante Ferreti es soberbio, creando una Nueva Orleans con muchos matices (finales del siglo XVIII, primera mitad del XIX, finales del XX),y un París de ensueño (gótico y aristocrático).

Pero por encima de esos detalles, como la estupenda fotografía de Phillipe Rousselot, a poco que uno tenga un poco de visión no puede dejar de asombrarse por el coraje que tuvieron haciendo esta historia, donde el entonces ídolo de quinceañeras Pitt, a punto de morir, con la cara chorreando de la sangre de Cruise, comienza a chupar la sangre de la muñeca de su compañero con ansia sensual. O Cruise bailando con un cadáver putrefacto mientras Pitt llora por haberse alimentado de una cría moribunda.

Pero hay mucho más que eso. Hay secuencias que ejemplifican perfectamente lo que estamos diciendo. Como aquélla en la que Lestat, un pésimo maestro para Louis, intenta convencerle de que se libere de sus complejos morales y se alimente de la prostituta. Louis no cede, y Pitt le interpreta a ratos con convicción y a ratos con ingenuidad. Mientras que Cruise da una lección de ritmo e intensidad contenida. Primero se muestra seductor, luego cruel, pasa a enfurecerse y finalmente se calma y parece hundido. Impresiona.

Otro ejemplo: Lestat se niega a explicarle a Claudia cómo hacer más vampiros, lo que enfurece a ésta. Pitt está aquí mejor, quizá porque habla poco o nada. La respuesta violenta de Lestat pone los pelos de punta. Durante toda la película su Lestat es un prodigio de sensualidad, riesgo e inteligencia. Sus palabras y ademanes suaves anticipan a un personaje impulsivo y caprichoso, astuto e indolente. Tan brillante es la composición de Cruise, que cuando desaparece en la segunda mitad de la película, esta baja considerablemente de fuerza e interés.

Los diálogos e intercambios de Banderas y Pitt nos hacen añorar sobremanera a Cruise, al que aún restan dos últimas secuencias magníficas. Su forma de atrapar el espíritu del personaje de Rice es absoluta, y ahora, leyendo las novelas, es muy difícil no poner el rostro del actualmente denostado actor, que asumió una hazaña digna de elogio, algo que ahora nos resulta difícil pensar que repetiría.