‘Sexykiller’ – Psicotronía demencial

En la sala en la que hace no mucho rato compartía visionado con compañeros de esto de escribir sobre cine (gente a quien respeto, como Antonio Toca, aunque hayamos tenido nuestros más y nuestros menos, probablemente más motivados por mi mala leche que otra cosa), también teníamos la compañía de espectadores que habían participado en la película, siquiera someramente. Por supuesto, los figurantes y demás cuadrilla estaban encantados con la salsa de disparates que es este Sexykiller, si bien algunos bloggers y escritores de cine no entraron en el juego. Porque se trataba de entrar libre de todo prejuicio y escrúpulo a una película que sin duda podría haber sido bastante peor.

Ésta barrabasada es un pastiche delirante que en ningún momento, creo yo, se ríe del espectador, sino de sí misma y del rosario de géneros, lugares comunes, clichés, convenciones que son el verdadero objeto de su existencia. Porque más que una película, tenemos un seudo-producto con pleno convencimiento y orgullo de ser un seudo-producto, y donde uno de cada cuatro chistes tiene verdadera gracia. Y eso, en esta cinematografía española nuestra, es todo un estímulo.

Todo el mundo quiere ser Tarantino

Lo cierto es que sus trailers auguraban una estupidez sin talento ninguno. Pero talento tiene... El director, Miguel Martí, parece consciente de sus limitaciones y ofrece una puesta en escena hábil y dinámica, con algunas blandenguerías rítmicas y tramáticas pero con bastante garra. Tampoco era muy difícil, pero ha conseguido una parodia/homenaje tarantiniana a la española con todas las de la ley. Una película perfecta para un día en el que más que cine, a uno le apetezca desconectar con una gamberrada insustancial

Esta historia de una asesina hortera tiene la casquería necesaria, y el cachondeo y la coña necesaria, y el guión es deslavazado pero con chispa, y la actriz protagonista (una anoréxica Macarena Gómez) es limitada, pero es un buen casting para esta psicópata, con esos ojos gélidos y ese aspecto enfermizo. El resto del reparto cumple sin demasiada brillantez pero con profesionalidad.

Sin embargo es César Camino, un actor muy interesante, el que acaba salvando gran parte de la película de convertirse en una bobada molesta, pues es capaz de soportar las escenas más imbéciles con una entereza digna de encomio. Este hombre, en opinión de este crítico un valor a tener cuenta en el futuro, pasa de marginado estudiantil (universitario de 35 años, en fin), a inventor loco, de ahí a conquistador redimido, de ahí a héroe de película de terror, y sin perder la mínima dignidad, a pesar de hacer el bobo con mucha garra.

Técnicamente, que dicen algunos, la película es correcta, aunque con lagunas. La fotografía de Carles gusi, con un gran angular bastante sobrio, adolece de un exceso de grano incomprensible y de una luz irregular, pero va bien con esta historia a medio camino entre lo cutre, lo popero y lo kitsch. La música es insufrible, pero el maquillaje y los efectos sonoros son bastante interesantes.

Bajo mi punto de vista, esta película demuestra que el casi siempre fláccido e insustancial cine español puede hacer tonterías comerciales con la misma credibilidad (o casi) que el cine norteamericano. De acuerdo que es una muy mala excusa para ir a verla, y una pobre justificación para ver más cine español antes de que se hunda definitivamente. Pero es un comienzo.