‘Camino’: el amor puro y la fe contenida

el amor, en genérico, bien entendido, está en sus ojos
el amor, en genérico, bien entendido, está en sus ojos

Precedida de la polémica allá donde pasa o se habla de ella, incluida esta página, nos acercamos a la tercera película de Javier Fesser, quien tras dos incursiones en el género de la comedia, y una nominación al Oscar por su corto Binta y la gran idea, prueba en este caso con el drama más puro, aquel que por ratos se debe escapar de sí mismo, darse un rodeo incluso, para no autoconsumirse.

Antes de seguir con la crítica, me veo obligado a hacer una serie de aclaraciones, dado lo delicado del tema que trata y que muchas sensibilidades son más frágiles que otras. Hago las aclaraciones para dejar evidente que no pretendo ofender a nadie. Para empezar la película me ha gustado. Mucho. Tanto que creo que es lo mejor que he visto en lo que llevamos de 2008, incluido Wall•e y Dark Knight. En segundo lugar no soy creyente. No comparto el dogma vaticano, ni muchísimo menos el del Opus Dei. En tercer lugar, y vinculado al segundo punto, el que yo crea o deje de creer no influencia mi opinión del hecho cinematográfico. Por ejemplo, La Pasión es mi película favorita dirigida por Mel Gibson, no importa la religión y tampoco la calificación de Gibson como ser humano.

Es por todo ello que mi crítica es cinéfila. Estoy en contra, una vez vista la cinta, de todas las críticas coyunturales que se le achacan, y para construir el artículo las pondré en tela de juicio. No pretendo sentar cátedra ni arremeter contra nadie, esto es personal, pero si crees que vas a tener algún problema con lo expuesto anteriormente, no sigas leyendo, porque no voy a entrar en discusiones. Es fácil.

La película nos cuenta la historia de una niña pequeña, la Camino que da nombre a la cinta, criada en el seno de una familia del Opus Dei, quien tras descubrir por primera vez el amor, por casualidad, con inocencia e ilusión, se le diagnostica un tumor que en pocos meses acabará con su vida. Su calvario personal y familiar pondrá de manifiesto y sobre la mesa que el corazón de Camino alberga un amor tan grande que se escapa de cualquier clasificación y atadura.

Leo por muchos sitios críticas viscerales a la cinta sobre lo maniqueo de su representación del caso de Alexia González-Barros, cuya historia de sufrimiento hasta la prematura muerte a los 14 años inspira el guión de la película. Las cartas airadas y dolidas de la familia hacia el cineasta por maltratarlos con guante blanco al hacer la película. Leo críticas tristes sobre lo equivocado de la imagen que da la cinta sobre la fe católica.

Creo firmemente que el cartel inicial de inspirado en hechos reales deja claro que la cinta no es una biografía de Alexia. No es un basada en o realmente es. No lo hace, no lo pretende y en cualquier caso el que lo busca lo hace netamente a título personal, que no culpe a otra persona, Fesser sin ir más lejos, de ello. Y creo, igualmente, que el creer que Fesser ridiculiza la fe es un comentario tan maniqueo y poco válido como cualquier otro. En la cinta se retrata un entorno muy conservador del Opus Dei, un ámbito concreto, hermético y muy real, que en ningún caso es general. Las piedras en los zapatos, las mujeres apartadas de la misa, el sacrificio familiar total, la aceptación extrema del dolor en pro de una causa superior... Eso existe, ha existido y existirá, pero no por ello lo hace todo el mundo, es ridículo de base pensar eso. Se ha retratado en el cine desde siempre y lanzar el grito al cielo demonizando la película es un acto tan arbitrario como triste.

Camino nos habla de un amor que se vincula de forma intrínseca a la imaginación y la esperanza, que supera el dolor y finalmente la muerte. Se nos retrata de forma cruda y directa en todo el proceso médico, no da ningún tipo de concesión en esos tramos, pero trata la figura de la niña protagonista, Camino, no Alexia, repito, con delicadeza y ternura. Cuando ella desea, cuando sueña o se evade de la realidad, la película revienta en imaginería, se vuelve salvaje e infantil, puro en definitiva, como el amor de la niña.

La película se divide en tres vertientes, que finalmente confluirán en un final antológico. Por un lado está la propia degradación física de la pequeña, por otro lado estará el entorno familiar que la rodea y finalmente estará el elemento externo, el catalizador de lo que realmente da vida a la película, el objeto del amor de Camino, un niño al que llaman Cuco, Jesús de nombre en realidad, y la obra de teatro en la que participa. Elementos colaterales como el ratón, el señor Meebles o La Cenicienta son parte indisoluble del juego de palabras que es en sí misma la historia, porque parece que dice una cosa, pero dice otra muy distinta.

sigo amando a este hombre
sigo amando a este hombre

El guión de Fesser es casi tan férreo como su dirección. No voy a negar que cuando vi el primer tráiler me asusté. Yo amaba al director de El Milagro de P. Tinto, aunque Mortadelo no me convenciera tanto, pero temía que un cambio de registro tan fuerte nos alejara de aquello que le hace él, sus tics, sus giros, su particular manera de rodar y contar. Pero esta todo allí. Los planos forzados, los elementos fantásticos dentro del entorno hiperrealista, los juegos gramaticales y semánticos tan propios de la casa... Todo está, todo funciona y todo sirve al mismo propósito.

La película arroja luz sobre la sombra de la muerte, muestra estoicismo ante la adversidad extrema y retrata en definitiva a seres humanos, extremos, taimados o resignados, criticables en grado sumo o no (aquí me guardo mi opinión personal), pero en definitiva personas. Pluralidad de significados y disparidad de sentimientos, decía un crítico sobre la cinta era lo que albergaba, y no se equivocó.

Los actores, todo excelsos, y creedme cuando digo todos y cada uno de ellos, se ven quizás eclipsados por la niña, Nerea Camacho, cuyos ojos inmensos, su arrebatadora sonrisa y sus desgarradoras lágrimas son los que te llevan de la mano en 2 horas difícilmente olvidables, que te dolerán, te darán rabia, coraje, te harán y/o llorar, compartirás o renegarás, pero sin duda no te dejarán indiferente. Es una cinta visceral, contada con pulso y talento, y que desde luego no debería ser crucificada por ello.

PUNTUACIÓN: 9 / 10

LO MEJOR: Sigue siendo Fesser, íntegramente, para lo bueno y para lo malo.

LO PEOR: Criticarla sin haberla visto, algo a todas luces absurdo e inútil, o hacerlo por razones externas al hecho cinematográfico que se circunscribe a sí mismo. Punto.

EL MOMENTO: El final, por supuesto, que es cuando cobra sentido, aunque ya lo tuviera antes.