‘Blood Diamond’ no es ‘The Constant Gardener’

Me decía alguien el otro día, la verdad que ahora no recuerdo bien quien, que las malas películas no merecen un texto muy largo. Lo cierto es que éste no va a serlo, si bien Blood Diamond no es una mala película, pero no merece desde luego una crítica, ni mucho menos un análisis. Uno, que es cinéfilo con olfato, no fue a verla al cine cuando muchos se la recomendaron, incluso fervientemente. Me olía la tostada. Ahora que la he visto tres veces en televisión he confirmado mi intuición.

Blood Diamond podría ser, fácilmente, la mejor película de Edward Zwick, un directorcillo de segunda (o tercera), que cree que la mejor forma de hacer películas es no dejar en ellas ni el menor rastro de la propia personalidad. Prueba de ello son las "bonitas" pero insustanciales Glory, Legends of the Fall y The Last Samurai. No es que sea un completo inútil como otros muchos que hacen de directores en este Hollywood muermazo de hoy mismo, pues posee la habilidad, o la astucia, para que mientras se ve la película esta resulte amena. También es cierto que después de verlas se olvidan rápidamente.

La película protagonizada por un soso DiCaprio (deseando ganar un Oscar en su rol de actor con conciencia), un gran Djimon Hinshou y una como siempre guapísima Jennifer Connelly, pretende acercarse a uno de los miles de problemas que convierten a África en una pesadilla: la venta de diamantes. Y en algún momento aislado parece que nos acercamos, tampoco mucho, a una buena película que sea capaz de explorar lo que está sucediendo en el mundo. Pero sólo es un espejismo. El final, estúpido, de buen rollismo, termina por hacer añicos algunos méritos aislados.

Esta peliculita a algunos les pareció en su momento un gran drama sobre África. Pero tenemos otro que lo es de verdad, y de hace pocos años, el extraordinario The Constant Gardener, del gran director de cine Fernando Meirelles. En esa película, una de las obras maestras de este siglo, no tan valorada como merece, lo que es algo habitual últimamente para con las mejores y más valiosas películas, tenemos todo lo que Blood Diamond no puede ofrecer: verdad.

Muchas ideas, en arte, funcionan con comparación, mal que le pese a algunos. Lo que en Blood Diamond es una historia amable y que sobrevuela con irritante superficialidad un drama atroz, en The Constant Gardener es un viaje hacia la desesperación más absoluta, sin paños calientes. Y justo cuando crees que no puedes perder más la esperanza...entonces otro acontecimiento te rompe aún más el corazón. Lo que en Blood Diamond es una puesta en escena especulativa y clasicota, en The Constant Gardener es un empleo de la imagen que la hace profundamente cinematográfica, dinámica, conmocionadora.

La tragedia africana (que durará muchos siglos más) es algo muy importante para que algunas estrellitas de cine intenten sacar rédito hablando de ella.