‘Vicky Cristina Barcelona’: Allen y la línea recta

hala... todos a cascoporro...
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Cada año, cuando Woody Allen estrena una nueva película, es como si nos encontráramos de nuevo con un viejo amigo cuya compañía se nos hace siempre escasa. Como si fuese de esas personas que conocemos de toda la vida, y por ello sabemos con los ojos cerrados describir la geografía de su cara, sus tics, manías, virtudes y defectos. Y al que queremos por todo ello, no pese a todo ello.

En este caso, Woody nos cuenta, resumidamente para los rezagados, el verano que pasan dos americanas en Barcelona, Vicky y Cristina, que vienen a ser como la noche y el día, y los líos amorosos en los que se meten cuando conocen a Juan Antonio, un bohemio artista autóctono que acarrea una tormentosa relación con su ex-mujer Maria Elena.

Mi compañero de Extracine, Adrián, comenzaba su crítica comentando que hay ciertos cineastas que en su última etapa pueden devaluarse, otros que pueden conseguir el éxito explorando facetas creativas no explotadas y otros que directamente se agotan por repetición. Siendo una opinión tan plausible y respetable como la que más, en mi modesto caso diría que el cine de Allen se aparta de esa separación, puesto que se subdivide de forma específica.

Su filmografía tendría tres categorías en este caso: las películas, comedias o dramas, que protagoniza él, la gran mayoría; aquellas otras en las que él no actúa pero hay un personaje que es Allen camuflado, como Kenneth Branagh en Celebrity, John Cusack en Balas sobre Broadway o si me apuran Diane Keaton en Interiores como ejemplo extremo; y aquellas en las que directamente Allen no sale en ningún sitio. Éstas últimas son las menos, aunque el neoyorkino nos haya regalado 3 de ellas casi seguidas con Match Point, Cassandra’s Dream y la Vicky Cristina que nos ocupa.

En esta categoría de alejamiento de sí mismo como ente y personaje cinematográfico, suele acercarse a tonos radicalmente distintos, casi como si te tratasen de experimentos, teniendo en este caso entre manos es un remix. Es contar algo muy Allen, como son las reflexiones sobre el amor, el sexo, el compromiso y la insatisfacción, pero desde la distancia formal que supone abstraerse de sus tics más evidentes, es decir, de las otras dos categorías. Sin estridencias, sin dramas, sin forzar ningún aspecto, lo que obtenemos es la mirada reposada de alguien que ya ha hablado mucho sobre el tema y al hacerlo de nuevo simplemente suelta las piezas para que ellas bailen solas.

esta noche te enseñamos qué es una guarrería española
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Porque a partir de una caracterización básica y certera de los personajes, y juntando un par de condicionantes como pueden ser la interacción con las ciudades de Barcelona y Oviedo, algo que quien le achaque como folletinesco debería repensarse tras ver de nuevo, por poner un sólo ejemplo, Manhattan, la historia se construye sola, de forma natural y consecuente. Incluso el huracán que supone la irrupción en escena del personaje de Penélope Cruz, que supone la dinamo argumental básica de la historia por poco tiempo que tenga en pantalla, está medido de forma que no sea excesivo.

Un historia sobre el amor, no sobre la pasión, con un tono acorde a lo que se cuenta. Una película que, si bien no es perfecta, sí que es un plato por encima de la media de lo que supondría una historia de este tipo en otras manos, bien manufacturada, y con no otra intención que la de recorrer un paisaje conocido por otro camino, que no es Barcelona, sino el paisaje mental y emocional del cineasta.

Enfrentarse a una cinta nueva de Allen no debe suponer una exigencia férrea de extremos. Una compañera de universidad me definía hace muchos años el amor como una gráfica sin altos ni bajos. Querer realmente a una persona supondría una línea recta emocional. Woody Allen demuestra su amor por el cine así en la última etapa, tristemente, de su vida. Y mantener esa gráfica recta requiere de un pulso que no todos los mortales tienen, han tenido, o tendrán.

PUNTUACIÓN: 7 / 10

LO MEJOR: El personaje de Penélope Cruz, tanto cuando está en pantalla como cuando la sombra de su personalidad condiciona la acción en su ausencia.

LO PEOR: Algún fallo a la hora de clasificar lo typical spanish, pero siempre dentro de la complicidad, sin llegar ni de coña al extremo de John Woo en M:I 2.

EL MOMENTO: Cruz gritándole a Johansson “niñata de mierda”.