‘Tropic Thunder’ – Grandiosa barrabasada

Ya se intuía que Ben Stiller podía firmar una gran comedia tras el fracaso divertidísimo de The Cable Guy y la comedia loca Zoolander. Había en ellas desparpajo, una coña políticamente incorrecta, un ingenio y una personalidad en maduración incontestables. Y todo parecía indicar que con Tropic Thunder podría conseguir algo más consistente y sólido. Pero Tropic Thunder es mucho más: un delirio satírico que va más allá del absurdo para erigirse en la mejor comedia vista en los cines en mucho tiempo. Una burla que permite múltiples lecturas pues han plagado su muy inteligente guión de tremebundas cargas de profundidad que hacen explotar de humor sus imágenes.

Podríamos hacer una lista de todo de lo que se ríe esta magnífica película: de los actores del método que se toman demasiado en serio a sí mismos; de los agentes despiadados que miman exageradamente a sus actores; de los dueños de las grandes majors a los que imaginamos tan gordos, feos y repugnantes como ese Les Grossman; de la tendencia del Hollywood actual a hacer películas memas; de los premios a los actores; de los festivales de cine; de las películas chorras de guerra patrioteras; de las adaptaciones de libros; de los veteranos de guerra; de los trailers; de los directores petulantes; de los rodajes convertidos en juergas sin freno...y un larguísimo etc. Y Tropic Thunder mete caña a todo ello con trazo grueso pero gozoso, de parida que no se avergüenza para nada de sí misma, que más bien está orgullosa de ser una barrabasada.

En su cuarto largometraje, Ben Stiller se muestra más seguro y libre que nunca, dominando con soltura las disciplinas de puesta en escena y dirección de actores, al mismo tiempo que se suelta completamente la melena sin perder el equilibrio, logrando la hazaña de mantener la unidad sin muestras de esfuerzo en un conjunto absolutamente loco. Pero todo empieza en un guión soberbio, que explora las posibilidades del cine dentro del cine hasta las últimas consecuencias. El juego de espejos entre un rodaje que no es un rodaje sino la vida real está empleado al máximo: baste la secuencia de los escupitajos que le propina el enemigo a Stiller y de los que le propina en respuesta, y su deseo de repetir la toma...

Hay momentos en los que la locura total se adueña de la pantalla y alcanza lo inimaginable, como en la secuencia del oso panda, o la de la representación de teatro. ¿Cómo se sostiene la película con tal cúmulo de barbaridades? Sobre todo gracias a un reparto impecable y en estado de gracia, todos y cada uno de ellos: Ben Stiller está estupendo, como siempre, en su habitual rol de tonto con corazón, de despistado voluntarioso y bienintencionado que necesita redimirse; Jack Black reincide en su tono chabacano con mucha más coherencia que en otros filmes suyos; Robert Downey Jr. sin duda roba la película, en un interpretación de comedia absolutamente desmadrada y absurda que sube la película varios puntos en cada intervención; pero todos los demás (Matthew McConaughey, Tom Cruise, Nick Nolte, Brandon T. Jackson, Steve Coogan, Bill Hader, Jay Barychel, Tobey Maguire) están igualmente de bien dirigidos y entregados.

En un primer nivel tenemos una comedia grosera y muy políticamente incorrecta con situaciones dantescas, en un segundo nivel tenemos una sátira de hollywood y del cine. En el terreno en que ambas expresiones se unen disfrutamos de los muchos hallazgos y méritos de una comedia imprescindible. ¡Qué gran, desternillante trabajo!