Cosas que no debieron pasar: ‘Crash’, la serie

imposibles, todos y cada uno de ellos, es redondo
imposibles, todos y cada uno de ellos, es redondo

Cuando en la ceremonia de los Oscar 2005 Jack Nicholson abrió el sobre y le dió el premio a mejor película a Crash, de Paul Haggis, el primer sorprendido fue él mismo. El segundo fui yo. En ese orden. El resto del mundo, detrás.

Ese Oscar fue una maldición para la película, puesto que más que resaltar sus virtudes lo que hacía era subrayar sus carencias esenciales. Se había premiado lo que venimos a llamar una americanada, que viene a decir que el mundo es difícil, que el ritmo de la vida moderna es frenético y no nos cruzamos con los demás, sino que chocamos en las vidas de los otros. Y que si te esfuerzas, si te esfuerzas de verdad, al final todo puede salir bien.

Pero no. Perdona bonita, pero no. Al final, por mucho que te esfuerces te puedes quedar sólo y con una vieja camisa manchada de sangre como recuerdo de lo que pudo ser y no será. Pero en fin, ése es sólo uno de los muchos planteamientos cuestionables que se le pueden encontrar a la cinta de Haggis, que si bien cuando la vi por primera vez no me disgustó, con el tiempo no deja de verse como un drama bastante al uso, complaciente y autocontenido.

Y encima cogió el título de la película de Cronenberg, con conocimiento de causa y consecuencia, maldad y alevosía, porque a nuestro amigo Paul le da igual cascarse 8 que 80. Aunque no os creáis, que tito David le dijo de todo menos bonito cuando pudo, que no se crean que aquí la gente es de callarse las cosas.

Pues ahora, según reza la publicidad del canal americano Starz, de los mismos productores de la película, sí, aquellos que llegaron a juicio para determinar quien sí y quién no subía a por el Oscar antes de saber que lo habían regalado de gratis, nos llega la serie. Con Dennis Hooper cavando su tumba. Con una cucharilla de las de café. Y si Roger Ebert decía que cualquier cosa que tenga a Dean Stockwell merece ser tenida en cuenta, yo digo que cualquier cosa que tenga a Hooper de un largo tiempo a esta parte debe ser huído como a Anton Chigurh.

El resto del reparto sólo repiten poses, los lemas huelen a rancio, como de casa de abuela fenecida tiempo ha, y el tono es tan pretendidamente grandilocuente que es directamente autoparódico.

Ahora, que si te gustó la peli no sólo vas a disfrutar la serie, sino que te la mereces.

Extracine, sección de prevención de riesgos audiovisuales, ha hablado.

Vía: Film Junk