‘Looking For Fidel’ – Apasionante entrevista

Entre una película olvidable - Any Given Sunday - y una asombrosa obra maestra desprestigiada por los prejuiciosos - Alexander - Oliver Stone, uno de los realizadores fundamentales del cine contemporáneo, dirigió tres documentales, a cual más interesante: Comandante, Persona Non Grata, Looking for Fidel, en los que desplegaba una gran maestría narrativa al tiempo que profundizaba en temas políticos de importancia histórica.

El caso del primer documental fue especialmente polémico, pues se acusó a Stone, prácticamente, de confraternizar con el líder cubano, de apoyarle en sus ideas, de ofrecerle una plataforma de limpieza de imagen. Ciertamente, se advierte en aquella pieza una inclinación por parte del director y entrevistador hacia las ideas y personalidad del siempre astuto y casi abracadabrante Castro, que es capaz de engatusar a casi cualquiera.

Pocos meses después, y con motivo de la ejecución de tres secuestradores que intentaron tomar el control de un ferry y ejecutados tras juicios sumarísimos, Stone regresa a Cuba para entrevistar nuevamente al, para algunos, dictador, y quizá para limpiar su propia imagen tras las severas acusaciones vertidas sobre él después de Comandante. El resultado es Looking For Fidel, una vertiginosa, apasionante conversación, que más allá de ideologías, resulta un documento esclarecedor, único, quizá insuperable, para acercarse a una de las figuras políticas más importantes de este siglo y del anterior.

Lo que nadie le puede negar a Castro es su capacidad de seducción, su forma de mirar. Es un actor nato y un líder extremadamente inteligente. Un genio a la hora de modular su voz, de calcular los tiempos. Vale más el diablo por viejo que por diablo. Pero tengo la sensación, a pesar de que comulgo bastante con algunas ideas políticas suyas, de que el diablo mismo se vería engañado por este hombre irrepetible.

Finalmente, y por segunda vez, Stone vuelve a caer en las redes de Castro. Empieza con dureza a preguntar sobre los juicios sumarísimos, pero acaba de nuevo siendo indulgente y permitiendo explayarse a Castro, dándole el privilegio de la palabra ante la verdad. Es un privilegio asistir al tira y afloja, al delicado equilibrio de una batalla dialéctica sin igual.

Y uno no puede sino rendirse ante la perfección formal de Stone, que apabulla con una construcción audiovisual inimitable. Y que incide con coherencia en su estudio de personajes históricos: Morrison, Kennedy, Nixon, Castro, Alejandro...