‘The Money Pit’ – Joya ochentera

La decadencia de la comedia loca norteamericana, en pleno siglo XXI, es evidente. Y creo que el declive comenzó allá por los años 80, con la transformación de las comedias en vehículos de lucimiento para actores, por ejemplo, surgidos del Saturday Night Live. No tiene nada de malo, pero la incursión de los Belushi, Murray y compañía (que por otro lado, llegaron a protagonizar excelentes títulos), hizo desaparecer la universalidad de las comedias norteamericanas, con títulos vulgares que comenzaron a convertir la comedia en la trivialidad que es ahora.

Sin embargo hay excepciones, y sin lugar a dudas The Money Pit (aquí bautizada con el improbable e inadecuado título de Esta casa es una ruina) es una de ellas. Una magnífica comedia que, sin embargo, goza de una muy ajustada valoración en las votaciones del imdb. Cualquiera sabe por qué. Teniendo en cuenta lo poco cabal de las votaciones numerosas, pues hasta es comprensible. Pero teniendo en cuenta las pocas comedias buenas que podemos degustar, no deja de ser irritante el alto prejuicio del personal.

Estrenada hace la friolera de 22 años (cómo pasa el tiempo), resulta de lo más sólida viéndola en 2008.

En la sociedad actual, el problema de encontrar una casa para vivir es realmente importante. Aunque sólo sea por eso, The Money Pit es una comedia que hoy puede verse con un disfrute sin paliativos. La pareja protagonista necesita una casa, y por supuesto dará con una que será un pozo de desastres. Pero no sólo eso. Viéndola hoy día, se descubre en su gran guión (perlado de diálogos divertidísimos y situaciones realmente ingeniosas), un análisis sobre temas aún más importantes.

Porque esta película es una salvaje radiografía de la sociedad capitalista, con todos sus fallos y esclavitudes. Walter Fielding (Hanks), es un abogado de estrellas, que paga con dinero prestado las reparaciones de una casa que se erige en verdadera alma de la película. Y en sus pesquisas, y las de su mujer Anna, ha de lidiar con gentuza que lo único que tiene es dinero y que pertenecen a un juego sin fin: el de prestar, el de apropiarse de lo ajeno y el de favorecerse con la desgracia ajena.

Parece mentira que estemos hablando de una comedia desternillante, porque lo es, heredera de las comedias locas de los años 30, y con la velocidad en los diálogos de las comedias de los años 40.

Es casi una abstracción de lo que significa enfrentarse a carpinteros, fontaneros y obreros despiadados. Nos reconocemos, nos sentimos hermanados con las desgracias financieras de Fielding, de quien se ríen los técnicos a los que pide ayuda para que su mansión sea una casa de verdad, y no un vertedero construido con madera podrida. Parece una parábola de lo que significa una relación y unas obras en casa.

La fotografía, espléndida, está firmada ni más ni menos que por el gran Gordon Willis, y la producción corre a cargo de Spielberg y de sus socios habituales en esos quehaceres, y ésta gente no se mete en un proyecto así como así. Tom hanks está sobresaliente, en un papel muy cómico, claro está, pero con muchos más registros. Aporta mucha humanidad y nobleza, como casi siempre, en uno de los primeros papeles importantes que tuvo, y que empezaron a afianzarle como gran intérprete.

En definitiva, una pequeña joya muy atinada, con un tono acertado que no decae nunca, y que se erige como una de las comedias estadounidenses más interesantes de su época.