Panorama del cine norteamericano

Resulta que hay gente por ahí que sabe de cine, y que sabe escribir muy bien, y que tiene las ideas claras. Tres virtudes que escasean muchísimo, a pesar de la multitud de ignorantes que escriben sobre éste tema en blogs y revistas y tal. Cuando uno se encuentra un artículo de la calidad de la que leí yo hace pocos meses (y deseando desde entonces encontrar un hueco para mencionarlo y para aportar el propio criterio), es como llegar a un oasis en el desierto cultural en el que estamos.

El artículo en cuestión, titulado 'Punto de no retorno', está firmado por Jaime Pena, y pertenece al número de Febrero de 2008 de la que con toda probabilidad es la revista de cine más importante en español, Cahiers España. Tres páginas de inteligencia, de conocimiento y de reflexión.

Comienza Pena hablando de las divergencias de la crítica, tan evidentes e incluso chocantes en algunos casos, de un lado y otro del Atlántico, dando títulos recientes que han sido recibidos de forma dispar por los analistas de Estados Unidos y los de Europa. A continuación, tras afirmar la rotunda e incontestable vitalidad del cine norteamericano, pone sobre la mesa una pregunta interesantísima: ¿aceptaríamos un cine norteamericano no narrativo?.

Y formula la pregunta nombrando una serie de películas recientes que, según él, demuestran que el cine norteamericano está cambiando, por poco apreciado o entendido que haya resultado ese impulso renovador. Estoy completamente de acuerdo con esa parte de la crítica que considera que el cine nortamericano por fin se está abriendo a otras culturas (tal como hiciera, aunque de forma menos globalizada, en su etapa clásica, con la riada de directores europeos que emigraron a Hollywood), y se está impregnando no sólo de sus atmósferas, sino de otra forma de mirar.

El cine norteamericano se ha asociado siempre a una vocación eminentemente narrativa, con el género como mascarón de proa de su producción, y con sus más personales autores siempre dispuestos a aportar miradas inéditas a esos géneros, que los revitalizaban y los enriquecían. Pero es a finales de los años 90 cuando un cierto cine americano empieza a hacer su aparición. Pena cita las recientes Death Proof (Tarantino), The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford (Dominik), I'm not there (Haynes), We own the night (Gray), Redacted (De Palma), Zodiac (Fincher), INLAND EMPIRE (Lynch), Paranoid park (Van Sant), como ejemplos de un cine que no podía haberse hecho hace veinte años.

Es decir, que mientras hay una parte de la industria americana, la más comercial y fácil para el gran público (es decir, los adolescentes), que reincide en mantenerse dentro de esa burbuja que tantos dividendos les ha proporcionado y tan poco prestigio crítico, existe un cine americano de una vitalidad estética abrumadora, que ha tomado el relevo a la un tanto angostada nueva generación europea, y que compite en vanguardismo, coherencia y valentía con el cine asiático más emprendedor.

Pena cita, como las tres películas que han comenzado este cambio, a Lost highway (1996, Lynch), a Psycho (1998, Van Sant) y a The thin red line (1998, Malick). Lo cierto es que llevo yo mucho tiempo pensando cuántas cosas han cambiado después de The thin red line, de Lost Highway, y no tanto de Psycho (atacadísimo y radical experimento con el que hay que admitir que Van Sant llevó al desguace al cine pretendidamente, y no de forma consciente, clásico), como de Elephant, de éste mismo director, de Pulp Fiction y de Magnolia, del gran P.T. Anderson.

Contaminadas del cine de género asiático, del cine de autor europeo y nuevamente asiático, con coproducciones europeas, estas obras maestras del cine de autor rompen con todo lo conocido hasta entonces, que proponen un cine transnacional, imposible de identificar como de un país concreto, y que más allá de gustos o fobias personales, dibujan un nuevo panorama americano. Artistas como Malick, Lynch o Van Sant lo hacen posible.

Llevaba un tiempo queriendo hablar de esto, pero probablemente no lo hubiera hecho tan bien como lo hace Jaime Pena en este gran ensayo.

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