‘Yo soy la Juani’: Glamour casposo

Cuando en 2006 Bigas Luna, uno de los directores más interesantes del panorama actual español (capaz de lo mejor y de lo peor), presentó a sus 60 años Yo soy la Juani, muchos pensamos que ya era hora de que alguien hablase sobre el 'estilo de la periferia' o 'del extrarradio'. Y lo hizo con coherencia y valentía, sin medias tintas, sin engañar a nadie (aunque como siempre, hubo quienes se sintieron engañados o despreciados como espectadores).

Y, si bien el resultado final no fue de lo mejor, tampoco fue de lo peor. El retrato de Luna sobre un estilo de vida, o una juventud, flipada con el 'tunning', la música makinera, los videojuegos suena a verdad, a algo cierto y no fingido. Obtuvo menos impacto del esperado, pero ahí queda el descubrimiento de Verónica Echegui (una casi debutante), atractiva y fotogénica muchacha, ídolo de muchos, que se deja literalmente la piel.

Está por ver si esta promesa acaba resultando una actriz interesante. Aquí es la protagonista absoluta, y no parece sufrir mucho soportando todo el peso de la película. Lástima que no todo esté a la misma altura o esté así de cuidado

A Bigas Luna se le dan muy bien el costumbrismo salvaje, despiadado casi, que gira en torno a una España cañí, muy castiza, casi ancestral. En Jamón, Jamón le salió una 'casi obra maestra' del erotismo machista y desvergonzado, de las pasiones 'toreras' y 'jamonas' de una mala bestia encoñado por una cría con voz de pito y tetas con sabor a 'tortilla de patatas con cebolla'.

Este psicodélico, hortera, Yo soy la Juani no alcanza la belleza ni la gracia de aquella estupenda película, pero la verdad es que no son del todo desdeñables las aventuras de esta chiquilla ignorante y entrañable, con una mala hostia solo como las juanis (que existen, y quizá en más sitios que en España) saben demostrar.

Tiene un novio que es un pieza (Dani Martín), aficionado a las carreras ilegales con coches tuneados, y unos aires de grandeza inexpugnables. Cuando todo se desmorone será cuando emprenda esa carrera de actriz soñada, para la que todos sabemos que no está preparada - sólo piensa en la fama - y que le hará conocer más mundo. Tampoco mucho más, pero al menos saldrá ligeramente del círculo en que está metida.

A la película le falta vuelo, le falta ingenio, y le sobran lugares comunes. Tarda en empezar y uno echa de menos a un Bigas Luna más desmelenado. Pareciera que se contiene, que tiene miedo de hurgar bien en esa forma de vida. Pero no aburre, que no es poco, y se atreve con algunas secuencias 'tuneadas' a base de coraje visual.

Dice que habrá segunda parte: 'La Juani en Hollywood'. Y me lo creo. De verdad.

Aquí el videoclip de la canción más significativo de la película. 'Gasolina, sangre y fuego' de Haze.