‘Y todo va bien’ Cortometraje

Resulta que leo en varios medios que las descargas del anterior cortometraje de Guillermo Zapata, Lo que tú quieras oír, son más de 60 millones. Que sólo le superan no sé qué clip de Avril Lavigne, y alguna otra cosa. Pero esa no es la razón de que quiera hacer mi primera crítica de un cortometraje en mucho tiempo.

Conozco a Guillermo Zapata. Más bien le conocí en el instituto. Allí era una especia de líder 'progre' cultureta, con más labia que talento, en plan 'estoy flipado de ser yo mismo'. Me cayó más o menos bien, pero tampoco es la razón por la que quiera comentar éste cortometraje. Yo mismo participé en alguno de sus pseudo-cortos, hace millones de años.

Los redactores de blogdecine.com son antiguos compañeros del Zapata, y han publicado, a bombo y platillo, su nuevo corto en plan gran estreno. A ellos les ha gustado mucho, al parecer. No han puesto su corto para seguir ganando lectores (recuerden, 60 millones de descargas...) lo han puesto por pura amistad.

El cine español tiene un universo, digamos, oficial, compuesto por los miles de actores, directores y demás profesionales (o algo así); y luego tiene un submundo repleto de culturetas, progres, trepas, locuelos del cine, friquis (cómo odio esa palabra, sólo escribiéndola me castañetean los dientes), guionistas de medio pelo que por participar en series mediocres se creen que saben algo, aspirantes a estrellitas, alelaos, alguno que otro con talento, gente trabajadora que no sabe qué hacer para que le llamen, y un larguísimo etc.

Ambos mundos se rigen por una misma regla: no importa el talento que tengas, lo inteligente o sensible que seas, lo que sepas de arte o tu mérito personal. Lo que importa es que tengas un padrino y/o que seas un listo. Es una de las principales razones por las que tenemos el cine español que tenemos: una cosita amorfa que a nadie le importa y que año tras año se hunde en el más absoluto del tedio y del olvido. Ahí quiere entrar, sin duda, y con una sonrisa enorme, Guillermo Zapata, con su nuevo título: Y todo va bien.

Vamos al asunto, y prometo que soy lo más profesional posible, aunque el engendro no lo merece.

Negación del cine

Y todo va bien se inscribe dentro del género de la comedia costumbrista, subgénero español modernete. Esto es: chicos, chicas, sexo, poco mundo, personalidad 0. Cuenta la historia de dos personajes que tienen una relación sexual por internet. La relación es bastante fría, por lo que no se comprende cómo puede ser algo importante que contar. Él es un oficinista amargao, que no encuentra sentido a su gris vida. Ella es una chica guay, estupenda y algo melancólica, que tiene novio, pero tiene ganas de conocer a más gente...

Cuando se ven cara a cara, uno se pregunta cómo pueden acabar en la cama, porque no existe nada, absolutamente nada, de chispa. Ella es mona, bastante, y él es un tipo más anodino imposible. Cuando por fin se acuestan, o lo intentan, surge la consabida y previsible decepción. Pero un sabor a decepción ya se tiene desde el primer plano, en el que observamos al protagonista hacerse una patética paja delante de un ordenador. Aunque ahora estoy recordando, qué cosas, el glorioso primer plano de otro corto de Zapata con él mismo en el baño. cagando, y hablándole a la cámara.

¿Intertextualidad o sinceridad brutal?

Este relato intenta ser una especie de retrato de la juventud española actual, hablando un poco de las relaciones interpersonales, de la vida laboral, de los problemas de los jóvenes, etc. Y lo hace con una escasez de ingenio apabullante. Zapata, que es guionista en Hospital Central y no sé si en alguna serie más, demuestra, al menos aquí, ser un escritor sin la menor gracia, con unos diálogos que carecen de la mínima intensidad dramática.

El viaje emocional es cortísimo, casi inexistente, y su aceleración a un territorio de más puro melodrama cae en el ridículo. Sin duda los temas y tonos que persigue el director se hubieran desarrollado mejor en un largometraje, pero ya este corto se hace larguísimo. La historia, los personajes, son dignos de un niño que no conoce nada del sexo ni del amor, en plena estirpe de Fernando Esteso y Andrés Pajares. Pero no sólo desconoce todo sobre las relaciones y el amor, desconoce absolutamente todo de dirigir.

Y es que la forma de filmar de Zapata, siempre con planos fijos, sin el menor gusto por encuadres interesantes, convierte en audaz a la filmografía de Jose Luis Garci. Eso de la profundidad de campo, con los personajes siempre hablando en perfil, o hacia la cámara, es un concepto que el director parece no conocer. La fotografía, de un tal Charly Planell, es espantosa: es como un vídeo casero grabado con algo más de tiempo, con quemados brutales, ningún tratamiento del color, ninguna fuerza dramática.

Pero es que no hay ni un solo valor narrativo/estético, nada de nada. Ni siquiera el mérito de intentar algo. Y los actores cumplen sin pasión, sin destacar, totalmente desganados en un conjunto muy pobre.

Tampoco es que el montaje de Manuela Díaz sea el colmo, porque la puesta en escena de Zapata no da para mucho más que para pegar planos, negando también la fuerza narrativa de esa disciplina. Las mezclas de sonido terminan por desesperar a uno cuando averigua que el cortometraje en cuestión ha costado la friolera de 40.000 euros (¿dónde están? en la promoción, claro).

Conclusión:

Pero lejos se llega cuando tienes contactos, morro y ninguna vergüenza para ofrecer al mundo tu escaso talento, y el que suscribe se reafirma en su idea de que si esto es el futuro del cine español verdes las van a segar, y de que si en la ECAM, supuesto faro del cine español, filman guiones parecidos con algo más de gracia y presupuesto, pues un aficionadillo como Zapata también puede hacerlo y codearse con ellos.

Porque ahora ser director de cine es que te hagan millones de descargas en internet. ¿Acaso ser un buen crítico no es que le dejen a uno 46 comentarios por post? Pues eso.