Billy Wilder (5)

Qué duda cabe que a medida que iba cumpliendo años y películas, y al mismo tiempo que iba fraguando un estilo personalísimo, transgresor, feroz, misántropo y melancólico, Billy Wilder fue ganándose, a pulso dirían muchos, fama de cínico, de frívolo. La crítica de su país, como la crítica de la mayoría de los países en la mayoría de ocasiones, no le perdonaba su éxito y su amoralidad, dando muestra de la clásica miopía de la crítica de Estados Unidos respecto a algunos grandes directores.

Ni siquiera un drama tan pesadillesco y honesto, tan directo y prosaico, tan compasivo también, como The lost weekend, que además le supuso su primer Oscar como director y como guionista (compartido, por supuesto, por su colega Charles Brackett), y tan famoso (inaugurando en cierta forma un tipo de melodrama centrado en el alcoholismo que tantas películas hermanas ha provocado), consiguió que su máximo responsable fuera considerado como algo más que un director de comedias locas. Qué poder tienen las etiquetas...

Basándose en la novela de Charles R. Jackson, Wilder y Brackett escribieron un guión muy sólido y sin apenas fisuras, que narra prolijamente las desventuras de un escritor fracasado. Sin énfasis, con contundencia, nos sumergimos en una pesadilla sin retorno, sin esperanza, que explota en la pantalla con gran nervio expresivo y confiando plenamente en la labor de actores excelentes como Ray Milland o Jane Wyman.

Quizá hoy un espectador desencantado y prejuicioso, que se niegue a entrar en la propuesta, detecte teatralidades, o detalles que muestran que ha envejecido, pero su conflicto, su epopeya, está ahí, intocable. Quizá sea demasiado clásica o contenida viéndola ahora, pero hay que retrotraerse a aquel 1945 de hace 63 años para apreciar el inmenso talento que hay en ella.

Repitiendo con su 'cinematographer' John F. Seitz y su músico Miklós Rózsa - que se quedaron sin Oscar, aunque sí lo lograron Ray Milland y la propia película - parecía difícil que a Wilder se le escapara algún detalle de su oficio. El resto de la década no conseguiría triunfos tan contundentes como Double indemnity o The lost weekend, pero su carrera aún sería larga.

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