Ficción científica (1): 12 monkeys

Uno de los fetiches más atractivos (y que más juego dan) en el género de la ficción científica son, por supuesto, los viajes a través del tiempo, al pasado y al futuro. Podemos hablar de eso, porque es muy interesante.

La que más recordamos todos es, por supuesto, la obra maestra The Terminator, en la que un héroe del futuro intenta salvar a la futura madre del liberador de la humanidad de una máquina con aspecto humano que viene de ese mismo futuro, dirigida por un superordenador con conciencia de sí mismo que quiere exterminar la raza humana. Pero tal cosa es una paradoja propuesta por Cameron. Me explico: si el terminator cumple su misión y extermina a Sarah Connor para que su hijo no libere a la humanidad, en el futuro tampoco hará falta mandar al terminator, con lo que es imposible cumplir la misión.

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Ésto se explica bastante parcialmente y bastante poco coherentemente en la trilogía de Fantasy con elementos de Ficción Científica Regreso al futuro. El terrible (me chifla este tío chiflado a su vez) Doctor Emmett Brown (interpretado con genio por el fantástico Christopher Lloyd) habla, en la segunda parte, de un presente alternativo al presente conocido, creado en el pasado por el bastardo de Biff Tannen. Han de volver al pasado para deshacer el entuerto, pero antes de que comience el tiempo alternativo, no sé si os acordaréis.

Sin embargo existe un film que es plenamente Ficción Científica en el que las paradojas temporales no existen, más o menos. Hablamos de la adaptación del magnífico mediometraje experimental de Chris Marker: La Jetée, que no es otra que 12 monkeys. En él los viajes en el tiempo tienen el objeto de recoger información, no de cambiar el futuro. Es posible viajar para averiguar cómo luchar contra un virus que matará a miles de millones.

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Hay que decir que 12 monkeys está a la altura del film de James Cameron del que hablábamos más arriba. Esta obra maestra del cine en general y auténtico referente del género de la Sci-Fi más radical, quizá sea la mejor película del genial Terry Gilliam.

Para empezar cuenta con un guión que yo calificaría de excepcional, que extrae lo mejor del mediometraje antes mencionado y que desarrolla mucho más allá, escrito por David Webb Peoples y Janet Peoples. En él la historia funciona como un reloj, los personajes se alejan mucho de los clichés habituales y llegamos a un punto totalmente inesperado al final. NO se puede cambiar el futuro en esta historia, aunque al final los personajes, desesperados (como buenas personas humanas), lo intenten, pese a esa certeza.

Para seguir tiene un diseño de producción y una dirección de arte en verdad únicas. Más que gótico, o cyber punk o un barroquismo oscurantista, la resolución plástica deslumbrante de este film posee una variedad de texturas y una profundidad moral muy compleja, que daría de por sí 20 post más...Ambientes feos, sucios, recargados, con luces de color para una atmósfera irrespirable a veces, tenebrosa siempre, que contrasta con el mundo aséptico y realista del presente, que en sus zonas menos visitables comienza a parecerse a ese futuro, en un todo visual perfectamente incrustado.

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Pero 12 monos es mucho más que una historia o un diseño de producción...

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