El Ilusionista: Un Oscar para Paul Giamatti

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El Ilusionista cuenta la historia de un mago, Eisenheim, que con su espectáculo ha conquistado a toda Viena. El príncipe heredero Leopold decide asistir a una de sus funciones junto con su prometida Sophie a la que presenta voluntaria en uno de los números de magia. Sophie y Eisenheim se reconocen, ya que ambos tuvieron una historia de amor en la adolescencia, y sus sentimientos renacen de nuevo.
La rivalidad entre el príncipe y el mago se hará más latente aún cuando este desacredita al heredero durante una actuación privada.

Con grandes defectos y grandes carencias, Paul Giamatti es el dueño de una cinta irregular donde todo hace aguas.

Lo que convierte a El Ilusionista en una película mala es el director. Neil Burger usa unos planos demasiado cerrados, asfixiantes que no son para nada necesarios y repite muchas escenas como la de Norton andando por la calle delante del teatro donde ofrece su número y la del escenario visto desde atrás con una silla donde Norton se sienta de espaldas a nosotros y de cara al público. Por si aún no nos ha quedado claro que Burger es un mal director, él nos da más pistas consiguiendo un ritmo irregular y rodando una de las peores escenas de sexo que he visto en mi vida.
Señor Burger, un apunte sobre las escenas de sexo, o enseñas o insinúas pero eso de poner trozos de carne macro ampliados (trozos de carne que pueden ser de un brazo, un muslo, del culo de la Biel o de la frente de Norton) y borrosos es una horterada.

El tratamiento que tiene la imagen durante toda la película te gusta al principio pero al final resulta cansino y muy pesado, o tal vez no, pero como el guión es flojo y el ritmo tiene tantos altibajos es el tratamiento y la ambientación en lo que te refugias para entretenerte un rato.

Si bien los trucos de El Ilusionista no consiguen sorprendernos, es la actuación de Paul Giamatti lo que nos deja con la boca abierta. Comiéndose vivo a todo el que se le ponga por delante, Giamatti se convierte en el rey haciendo que todas sus escenas sean una completa delicia.
El duelo Norton-Giamatti se queda en nada ante la poca inspiración de Norton que solo tiene uno o dos momentos de lucidez durante todo el largometraje.
De Rufus Sewell y de Jessica Biel esperaba más bien poco, cosa acertada por mi parte ya que el primero se limita a interpretar el mismo papel de siempre y ella, a pesar de sus buenas intenciones, a veces sobreactua y a veces nos resulta totalmente inexpresiva.

Si hay algo que odio en una cinta y de la que esta peca en incontables ocasiones es de engañar al espectador y de poner como verdades indiscutibles cosas que, de entrada, son difíciles de creer pero que si quieres meterte en el argumento tienes que aceptar.
Ejemplo de lo segundo es que pretendan que nos creamos que Norton y Biel tienen la misma edad, de lo primero, todo el final es un ejemplo.
No os dejéis engañar, el final no es sorprendente, solo malo y recurrente.

Tras esto solo os digo una cosa, id a ver el Ilusionista que no, no se llama Eisenheim, se llama Giamatti.