El segundo gran éxodo que proveería al cine estadounidense de lo más granado del cine europeo, se producía cuando en 1933, cuando Adolph Hitler subía al poder, por propia decisión de los ciudadanos alemanes (el primero se habría producido con la Primera Guerra Mundial). Junto a Max Reindhart, Fritz Lang, Max Ophüls, Robert Siodmak o Fred Zinnemann y viendo la que se avecinaba, Billy Wilder, también decidía abandonar entonces Alemania, debido a una peculiaridad que arrastraba consigo desde su nacimiento, consciente de que le podría...
William Holden






