
Planteada mi lista de las mejores europeas de los 90, justo es dejar también mis diez norteamericanas de esa década. Han resultado ambas igual de difíciles de confeccionar, mucho menos de lo que me va a resultar para esta presente década, en la que tengo ya mi lista hecha y me parece difícil que alguna sorpresa me la trastoque.
Como soy optimista, aunque muchos piensen lo contrario, quiero creer que las pocas respuestas a la anterior lista eran porque mucha gente estaba de acuerdo conmigo (…), y no porque no tuvieran ni idea de qué películas hablaba, o porque no les interesara el cine europeo. Nuevamente, esto es personal e intransferible, y son bienvenidas las quejas (razonables) y las listas ajenas. Si no llega ni lo uno ni lo otro, yo me sigo divirtiendo haciendo encaje de bolillos con algunas de las películas de mi vida.
Las 10 norteamericanas de los noventa Continuar leyendo »
Terminado el análisis, que me ha llevado muchas más horas de las inicialmente previstas, sobre una de las obras capitales del cine contemporáneo, The Thin Red Line, ponemos los primeros momentos de la siguiente película de Terrence Malick, de la que algún día prometo escribir otro análisis.

Habíamos comentado ya una de las secuencias de guerra más asombrosas de la historia del cine. Resultan tremendamente esclarecedores los instantes siguientes a ella: Witt, que ha participado en el combate, que ha estado también a punto de morir y que con probabilidad ha matado a enemigos, disfruta de un relajante momento cerca de un arroyo. Planos subjetivos de vegetación y del agua dulce de la que disfruta son el puente hacia lo que parece el final de la película: el cántico espiritual comienza (primero no es demasiado audible, después va subiendo de volumen), después Malick encadena planos de lo que parece la aldea perdida en la que Witt se refugió cuando era un desertor. El propio Witt se limpia (física y emocionalmente, después del combate) en una cascada majestuosa.
El momento es sobrecogedor. Pero sólo dura unos segundos. La última imagen es explícita: un barrido hacia el mar con dos pescadores indígenas echándose al mar sobre una barca. Uno de los dos pescadores es sospechosamente blanco, mientras que el otro es característicamente negro. La remembranza cesa y regresamos a Witt con el resto de soldados en el arroyo. ¿Es una visión de la muerte cercana? ¿Un ensueño? Imposible de decir. Continuar leyendo »

Claramente, la película sufre un cambio importante una vez se descubre el flanco desprotegido de la colina que defienden los japoneses. Si hasta ahora todo era un infierno para los norteamericanos, las tornas van a cambiar. Malick se molesta en filmar un plano impresionante: un barrido marcha atrás de seguimiento de la subida del pequeño grupo de soldados, con el sol emergiendo detrás de las nubes. Una vez más su cámara demuestra un gran talento, con unos movimientos de steady perfectos, a ratos veloces, en ocasiones serenos, en claro contraste con lo que están represetando.
Es el soldado Bell (un muy convincente Ben Chaplin) el encargado de echar un ojo en la cresta de la colina, jugándose así la vida. Y es significativo que en el pequeño grupo de soldados esté también Witt (Jim Caviezel), que ahora no es sino un personaje menos que secundario. El hecho de que Bell flirtee con la muerte es una ocasión que aprovecha Malick para hacer regresar las imágenes de él con su mujer. Una vez más, un flash-back o una escena íntima se convierten en algo más: en la representación más nítida posible del interior del personaje Continuar leyendo »
You’re greek, aren’t you, captain? Do you ever read Homer? We read Homer at the Point. In Greek.
-Teniente Coronel Tall

Hasta ahora hemos hablado de los conceptos filosóficos y existencialistas, místicos casi, desarrollados con tanta brillantez y exquisitez en la primera media hora de esta película. Llega la hora de la verdad. La gran batalla para tomar la colina que lleva al aeródromo. Lo habíamos dejado con el soldado Witt ayudando (limpiando…) a los heridos, con esa imagen del agua como sanadora de lo físico/espiritual. A partir de este momento el agua tendrá mucha menos presencia pero mucha más importancia.
No es posible flanquear la colina, por lo que han de tomarla de frente. Es lo que ordena el teniente coronel Tall. El capitán Staros parece disconforme, pero lo único que dice es que necesitan agua, pues algunos de los soldados están desmayándose a causa de su carencia. Por supuesto el coronel no piensa molestarse en llevar agua. Que cada uno saque las conclusiones de esta metáfora. Pero de nuevo toca la espera, otra espera angustiosa, tras los preparativos del capitán Staros (fenomenal esa cámara ¿subjetiva? que a ras de suelo, gracias a un empleo fenomenal de la grúa Akela, parece al mismo tiempo una advertencia de que no deben subir, como el subconsciente de los soldados, sabiendo que ese puede ser su último paseo), varios planos majestuosos que dan cuenta del acercamiento del anochecer. Finalmente, en una secuencia sólo iluminada por una hoguera, el capitán Staros reza. Continuar leyendo »
In this world, a man, himself, is nothing. And there ain’t no world but this one. -Sgt. Welsh

Hasta ahora hemos analizado los primeros compases de esta obra maestra. Poco más de 25 minutos en los que hemos conocido el paraíso terrenal, a continuación hemos descendido abruptamente al mundo real, y por último nos hemos adentrado en los deseos y pensamientos de redención y miedo de un grupo de hombres en los momentos anteriores a un desembarco de guerra que puede costarles la vida. Hemos intentado demostrar que nada es por azar en este relato y que hasta la altura de un plano o el corte de un plano a otro tienen un sentido, al contrario que en el cine corriente, donde todo responde a una lógica lineal y preestablecida.
Tras una tensa espera llega el desembarco. La fluidez de la cámara de John Toll (para muchos cinematógrafos, uno de los trabajos más sobresalientes de los últimos tiempos tanto a nivel de cámara como a nivel de iluminación) nos hace partícipes de los instantes en que la tropa, ansiosa y alterada, toma las embarcaciones que les trasladarán a la isla. Si hasta ahora hemos intentado analizar, siempre subjetivamente, lo que Malick dispone en la pantalla, a partir de este momento la experiencia se hace mucho más subjetiva, y mucho más inextricable, por tanto entramos en el mismo terreno en que entran los soldados: un terreno nunca antes visitado por un cineasta. Continuar leyendo »
I can take anything you dish out. I am twice the man you are (Puedo soportar cualquier tarea que me encomiende. Soy el doble de hombre que usted)
- Soldado Witt

Concluido un primer bloque introductorio en el paraíso terrenal, pasamos sin ninguna fisura al siguiente, en el que el soldado Witt dejará de ser el protagonista para ceder presencia en pantalla a dos docenas de personajes, de soldados, que aguardan el momento de entrar en combate, a bordo de un buque de guerra. El plano que sirve de puente entre ambos bloques es esa extraña imagen del buque tomada a bastante distancia, cuyo casco aparece negro como la noche, y de duración excesiva.
El primer soldado importante que vamos a conocer es el sargento Welsh, interpretado por Sean Penn. Interroga a Witt (Caviezel) acerca de su deserción, pero parece confraternizar con él, a pesar de que Witt está a la defensiva y se burla de sus métodos. Welsh, desde su primera aparición, se nos presenta como un personaje ambivalente y complejo, pragmático pero compasivo. Algo así como un Witt que haya perdido la fe. En lugar de montarle un consejo de guerra le da una nueva oportunidad a Witt, aunque encomendándole tareas penosas. El diálogo entre ambos termina con una declaración de cada uno de ellos: Welsh no cree que haya otro mundo, Witt asegura haber visto otro. Continuar leyendo »
Twenty Century Fox presents…
Una película de Phoenix Pictures…
Fox 2000 Pictures presents…

Sobre una pantalla en negro se eleva una nota sostenida, ejecutada con instrumentos de cuerda que asemejan, sólo asemejan, una orquesta sacra. De pronto la sala de cine, o el hogar con pantalla gigante, se convierte en un templo. Pero dura poco, porque la pantalla se ilumina. Y lo que nos muestra es un cocodrilo con el hocico, la testa y el lomo cubiertos de musgo. La bestia, lentamente, se acerca al lecho de un río y se introduce en él. Durante unos breves momentos se mantiene flotando, luego sólo sus ojos permanecen en la superficie. Finalmente se sumerge.
La música de Hans Zimmer casi se extingue cuando del hipnótico plano del cocodrilo encadenamos a varias imágenes de la jungla filmadas con grandes angulares (40 y 50 mm.) cuyo empleo va a ser una constante en la realización de esta película, con un trabajo de cámara excepcional. Sobre estas bellas imágenes de la naturaleza, escuchamos un coro celestial. Comienza una voz en off que va a tener un protagonismo esporádico pero esencial. Continuar leyendo »
I have seen another world. Sometimes I think it was just my imagination (Yo he visto otro mundo. A veces creo que fue sólo mi imaginación) - Soldado Witt.

Mientras escribo estas líneas, tengo la televisión encendida. En ella puedo ver, gracias a la televisión digital, las últimas secuencias de la estupenda Flags of our Fathers, del maestro de directores Clint Eastwood. Es un filme noble y sobrio, filmado de forma majestuosa por uno de los verdaderamente grandes de ahora mismo. Aún me gusta más Letters from Iwo-Jima, en la que Eastwood hace una maravilla trágica.
Pero algo falta en este excelente díptico. O quizá nada falte. Pero buenas películas como estas, en ocasiones, ayudan a comprender mejor lo excepcional de obras de arte como La delgada línea roja, filme con el que Terrence Malick regresó tras 20 años sin tocar una cámara. Flags of our Fathers, con sus arritmias y sus virtudes, quiere abarcar demasiado a la hora de contar la batalla de Iwo-Jima desde el punto de vista yanqui: demasiados tonos, demasiadas miradas, demasiados estilos, demasiadas ideas y puntos de vista. Y además lo hace desde un tono marcadamente poético. Eastwood es poeta cuando no pretende serlo, cuando sencillamente nos cuenta cosas que conoce de primera mano.
Pero Malick, contándonos la batalla de Guadalcanal, es otra clase de poeta: con un fugaz intercambio de planos conjura tal tensión psíquica en el testigo de sus imágenes, que de pronto uno tiene la sensación de que se le va a explicar lo inexplicable. Las imágenes de The Thin Red Line entusiasman por su turbadora belleza y profundidad, pero hay más detrás: un relato destinado a llevar esperanza y fé al corazón del hombre. Continuar leyendo »
Ciertamente, con un post tan largo y, aunque parezca que no, que me llevó tanto tiempo, al final se me quedaron directores en el candelero. Intentemos subsanar tal error con una coda, o epílogo, a ese post, pidiendo perdón por verme obligado a dividirlo en dos partes.
Mejor director Pop: Quentin Tarantino
Un gran director de actores y escritor de diálogos. Pero sobre todo nadie como él para construir historias y atmósferas pop. Es como una estrella del rock que utiliza cine de derribo para darle un pátina de talento.

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