
La verdad es que se queda uno un tanto anonadado. Por varias cosas: primero porque los de /Film escriban que Jarhead y Road to Perdition cosecharon grandes elogios de la crítica pero poco dinero, cuando lo cierto es que la primera no gustó mucho a casi nadie, y la segunda fue un gran éxito de taquilla (costó 80 millones y recaudó 181 millones de dólares, pero claro, sino recaudan 500 millones como The Dark Knight son fracasos…).
Segundo porque al parecer el autor de la novela gráfica en que se inspiró la película de Sam Mendes parece dispuesto a escribir y dirigir él mismo dos secuelas (sí, el mundo del cine está chiflado) de aquélla estupenda película, que se titularán, supuestamente, Road to Purgatory y Road to Paradise, y seguirían las vicisitudes de Michael Sullivan Jr. en su búsqueda de venganza contra la muerte de su padre.
La primera podría estar dedicada a Paul Newman y todavía no hay nada firmado, pero ya podemos empezar a hablar de ciertas películas que no necesitan secuela, tema que parece muy repetitivo en estos tiempos. Ya veremos en qué acaba todo, aunque suene un tanto extraño. Le deseamos la mejor de las suertes a Collins.
Enlace: Max Allan Collins to Write and Direct Two “Road to Perdition” Sequels

Y por bella me refiero a su aspecto meramente audiovisual: fotográfico, sonoro, de diseño. Su imagen es de una belleza, de un mimo asombroso. Con el fallecido Conrad L. Hall (fallecido poco después de finalizar la película) en un trabajo de fotografía que roza el exhibicionismo de la perfección técnica que logran. También en la precisa y esmeradísima puesta en escena de un Sam Mendes que abandona el mundo cínico y gris de American Beauty, y se sumerge con sensiblidad y sobriedad en un melodrama gangsteril que tenía muchas probabilidades de convertirse en una obra maestra incomparable.
El porqué esta enésima historia de venganzas familiares y de sagas mafiosas en ningún momento logra erigirse en esa gran película que podría haber sido, sino que es una historia más de venganzas y de sagas mafiosas con detalles sumamente interesantes, es lo que nos disponemos a analizar en las siguientes líneas. Road to Perdition es de esas buenas películas que a uno le da rabia tener que constatar los defectos que la impiden subir más. Continuar leyendo »

Cuando al abrir la página web de El País vi parcialmente un fotograma (no podía ser sólo una fotografía) de un hombre con un taco de billar y en blanco y negro, una chispa se encendió en mi cerebro hace escasos 10 minutos: ha muerto. Deseando que no fuera cierto lo inevitable (hace pocas semanas anunciaron que había regresado a su casa tras la batalla perdida contra el cáncer para morir rodeado de los suyos), subí la ventana del explorador para observar mejor aquella noticia, con los ojos entrecerrados. Pero no ha habido manera. La muerte nos sonríe a todos, inclusive a los actorazos legendarios de generosos ojos azules y sonrisa irresistible.
Fallece Paul Newman, convertido al fin en una sombra de sí mismo, de ese actor elegante y viril a un mismo tiempo que por 60 años fue capaz de enamorar la pantalla como casi ningún otro, o como ningún otro. 83 años de una vida que es algo más que leyenda del cine, es una de las personalidades más importantes del siglo XX, un artista que hizo de su forma de expresión una forma de vida y un modo de entenderla. Paul Newman era un actor con un don ingénito y completamente natural, y un hombre complejo, inteligente y enigmático. Más que un icono, era el más grande. Continuar leyendo »

Eddie Felson (barroco Paul Newman) es un pringado, un tirado, un vividor. Un ‘hustler’, o buscavidas. Sólo tiene un don, un don extraordinario para el billar. Es la única cosa que sabe hacer bien. Más que bien, es un genio. En los bajos fondos, en los combates de billar donde se juegan decenas de miles de dólares en una noche, puede que sea el aspirante a campeón mundial de billar.
Pero tiene que demostrarlo. Y para conseguirlo el último escollo es el que todos consideran el mejor, uno al que nadie ha vencido: ‘Minnesota Fats’. Un tipo enorme, interpretado por el gran Jackie Gleason, que puede estar gordo y parecer no muy ágil, pero que alrededor de una mesa de billar despliega unos movimientos que envidiaría un bailarín de ballet.
El combate entre ambos será épico. Al principio estará en juego sólo dinero. Luego la supremacía. Y luego la fuerza de voluntad, la dignidad, la resistencia, la desesperación…Terminarán jugándoselo todo, y poco importa que el cansancio no acabe con ellos, aunque el perdedor salga vivo dejará allí su alma (‘las mesas parecen losas donde enterrar a los jugadores’). Continuar leyendo »