Hay premios que son decadentes desde su propias bases. Una decadencia que se ve impulsada por las florituras con que adornan la gala de entrega, y que no hacen sino hacer naufragar el nombre de los galardones. Es el caso de los TP de Oro en España, elegidos por la revista Teleprograma a través de las votaciones de los lectores y que tratan de salvar algunos programas televisivos dentro del mar de medriocridad que teje la programación. O de los Premios Grammy, que tantas veces...
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