‘Escondidos en Brujas’: dispara y haz turismo
Si el género de la comedia es complicado, si es difícil recorrer los caminos del drama sin caer en el maniqueísmo, lo que vendría a ser la amalgama de ambos géneros, comedrama o dramedia, llámelo usted como mejor prefiera, es ya de una complicación formal considerable. Y precisamente, ‘Escondidos en Brujas’ es un ejemplo de cómo trabajar en esos arduos límites notablemente.
Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Colin Farell) son dos mafiosos, más bien de medio pelo, que tras un golpe bastante chapucero, son mandados por su jefe Harry (Ralph Fiennes) a Brujas, lejos del revuelo que han causado en Londres, a la espera de nuevas órdenes. Allí, estos dos hombres de personalidades claramente contrapuestas, se conocen más profundamente mientras se acostumbran a las costumbres locales. Claro, hasta que llama Harry.
El director Martin McDonagh se estrena en el largo después de cosechar un Oscar a mejor corto de ficción con su aclamado ‘Six Shooter’, una de esas pequeñas joyas que hay que conseguir por métodos poco recomendados por Ramoncín. A la hora de enfrentarse a esta producción, de la que él mismo es el habilidoso guionista, recurre al protagonista de su corto, Glesson, un actor tremendo en cada aportación que hace, a un Farell que hace del uso cómico de sus expresiones la gran baza de su actuación, y un Fiennes pasadísimo de rosca (propongo contar cuantas veces dice “fuck” por minuto, creo que hay record aquí).

