La escena que os traigo hoy es, posiblemente, uno de los mejores finales que nos ha dejado la historia del cine (por tanto, si no has visto la película, te recomiendo que detengas ahora tu lectura). Léaud, preso de los reglas de hierro del mundo de los adultos, huye en busca del mar, un escondite de su imaginación. Truffaut, en un gesto que recuerda a las últimas páginas del El guardián entre el centeno, pone final a la escapada con un plano seco, eterno:...
Los 400 golpes





